jueves, 28 de mayo de 2020
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MOVE – Movilidad Eléctrica en Latinoamérica

Movilidad eléctrica para reducir costos de transporte de personas y bienes.

MOVE es la plataforma virtual de ONU – Medio Ambiente que promueve la transición hacia la movilidad eléctrica en Latinoamérica. Compartimos a continuación, parte del informe presentado durante el año 2017.
 

La flota de automóviles en Latinoamérica podría triplicarse en los próximos veinticinco años, llegando a superar las 200 millones de unidades en el año 2050. Este crecimiento tendrá un efecto importante en la demanda de combustibles, así como en el aumento de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) y otros contaminantes emitidos por el transporte. Estos últimos incluyen óxidos de nitrógeno, carbono negro y material particulado fino MP2.5, con efectos nocivos para la salud pública.


El despliegue de la movilidad eléctrica en la región significaría una disminución aproximada de 1,4 Giga toneladas de CO2 y un ahorro en combustibles cercano a 85 mil millones de dólares para el periodo 2016-2050, siendo este un escenario compatible con el propuesto por
la Agencia Internacional de Energía (IEA por sus siglas en inglés) cuyo objetivo es que la temperatura del planeta no aumente más de 2 grados Celsius al final de este siglo.
 

En otras palabras, el éxito en la penetración de los vehículos eléctricos actualmente observada en los países desarrollados y China, ha creado las condiciones para satisfacer un escenario como el propuesto por la Agencia Internacional de Energía. En el año 2015 la flota global de vehículos eléctricos superó el millón de unidades, considerando dentro de esta categoría dos tecnologías: los híbridos enchufables y los eléctricos con baterías.
 

Hay países que cuentan con incentivos sólidos para promover esta tecnología, inclusive, han llegado a tener participación en los mercados superiores al 20% de las ventas de vehículos nuevos, como es el caso de Noruega. Existe una oferta creciente de nuevos modelos de vehículos eléctricos (VE), superando ya la docena de ellos, producidos por un número cada vez mayor de fabricantes. Latinoamérica presenta las mejores condiciones para que los vehículos eléctricos entreguen sus mayores beneficios en términos de cambio climático, ya que la electricidad tiene un alto potencial para ser generada en gran medida con energías renovables, tanto tradicionales como no convencionales.
 

En términos de beneficios a la salud, la movilidad eléctrica proporciona mayor protección, debido a que gran parte de las zonas urbanas de la región presentan serios problemas de contaminación atmosférica, en su mayoría consecuencia de las emisiones del transporte.
 

Adicionalmente, la movilidad eléctrica tiene un potencial muy importante de generar desarrollo económico, reduciendo costos de transporte de personas y bienes, así como la generación de oportunidades a nuevas áreas industriales y de empresas que aporten tecnologías y servicios innovadores. Por ejemplo, existe una relación virtuosa entre los vehículos eléctricos y las redes eléctricas, especialmente en el servicio que pueden prestar las baterías de los vehículos eléctricos en complemento a las energías renovables intermitentes como la solar, almacenando energía para entregarla a la red en las horas de mayor demanda. Este tipo de tecnologías, denominadas “vehicle to grid” (V2G) tendrán un gran crecimiento; especialmente estos servicios en Estados Unidos podrían llegar a un ingreso de 190,7 millones de dólares en el año 2022, según estimaciones de Navigant Research (2016).
 

Indistintamente, se reconocen las dificultades propias de la región, como la presencia de subsidios a los combustibles fósiles y un suministro eléctrico de una calidad inferior a la de los países desarrollados, donde hasta ahora está concentrado el auge de la movilidad eléctrica. Además, los países latinoamericanos tienen una regulación muy incipiente de la eficiencia energética en sus mercados automotrices, que ha demostrado ser una condición necesaria para generar competitividad para los EVs frente a los automóviles convencionales, factor fundamental para cerrar la brecha de costos entre ambas tecnologías.
 

No obstante, muchos de los países de la región ya cuentan con algún tipo de política de fomento a la movilidad eléctrica, como excepciones al pago de IVA y al pago de permisos de circulación, otros ejemplos son las excepciones a las restricciones vehiculares, reducción o exención de aranceles de importación, tarifas eléctricas diferenciadas y exención de impuestos ambientales, entre otras.

La tecnología de propulsión eléctrica para vehículos surgió hace más de un siglo y su despliegue ocurrió antes de la introducción de los vehículos que ahora son convencionales de combustión interna. La expansión del sistema de carreteras, su bajo rango de autonomía, la limitada velocidad y el alto costo relativo de estos vehículos les hicieron virtualmente desaparecer del mercado, salvo en nichos como trolebuses o trenes eléctricos. Durante las últimas décadas, gobiernos alrededor del mundo han comenzado a tomar medidas para reducir la contribución del sector transporte a las emisiones de gases de efecto invernadero y otros contaminantes locales con efectos nocivos para la salud.
 

A nivel global la movilidad eléctrica ha comenzado a consolidarse como una opción tecnológica real, con una creciente competitividad económica, en apoyo a la reducción de emisiones del sector transporte.
 

Estimaciones del International Council on Clean Transportation (ICCT, 2015) muestran que las reducciones potenciales a nivel global -siguiendo las trayectorias delineadas en estrategias nacionales que incluyen solo el mercado de vehículos livianos- pueden alcanzar 1,5 mil millones de toneladas métricas de CO anuales al año 2050.
 

El crecimiento actual de ventas de vehículos eléctricos (VE) se ha visto en gran parte impulsado por distintas iniciativas de gobiernos que buscan crear condiciones de mercado favorables y reducir el costo incremental respecto a vehículos convencionales. Esto es debido a las barreras para el desarrollo del sector, tanto en materia de su dependencia en incentivos fiscales para mantener su competitividad en el
mercado, como en la falta de infraestructura de carga para su desarrollo en gran escala, entre otros factores de relevancia que impiden que esta tecnología logre la escala comercial deseable.

La movilidad eléctrica presenta una serie de ventajas con respecto a los vehículos con motores de combustión interna, tanto en eficiencia energética, como en el objetivo de cero emisiones de contaminantes locales, además de un gran potencial en integración con energías renovables, generando la posibilidad de muy bajas emisiones en un análisis de ciclo de vida.
 

Hoja de ruta para el despliegue de la movilidad eléctrica en América Latina
 

Al día de hoy en Latinoamérica la movilidad eléctrica posee el potencial para competir de forma ventajosa en modos de transporte urbanos, especialmente en el segmento del transporte público, vehículos livianos/medianos y en motocicletas/vehículos de tres ruedas.
 

Para cada una de estas aplicaciones existen diferentes barreras y oportunidades, así como también distintos impactos. Muchos de estos impactos son positivos, tanto en reducción de los costos de desplazamiento de personas y bienes, como también en sostenibilidad ambiental, energética, así como en la salud humana y en la calidad de vida de los habitantes de las ciudades de la región.
 

A la luz de la alta tasa de motorización de la región, el despliegue acelerado de la movilidad eléctrica podría suponer una larga lista de beneficios. La movilidad eléctrica puede mitigar los impactos negativos que implicarán el incremento de la flota vehicular, especialmente
la que enfrentarán los vehículos livianos en las próximas dos décadas.
 

Para lograr un despliegue de esta tecnología en la región se sugiere tener en cuenta la trayectoria experimentada en los países desarrollados en Europa y Norteamérica, así como China, donde se han generado la demanda para que los fabricantes de automóviles desarrollen productos comerciales y competitivos.


 

Los incentivos a la compra, principalmente expresados en descuentos de impuestos y subsidios, han generado ya una masa crítica global de más un millón de vehículos eléctricos. Continuar con esta trayectoria en la región significaría pasar a una etapa siguiente de despliegue
tecnológico. Esta nueva etapa conllevaría la generación de condiciones de mercado para que los VE puedan competir progresivamente sin requerir subsidios o descuentos de impuestos, porque estos son insostenibles en largo plazo, sobre todo en economías en desarrollo. Continuar esta trayectoria y acelerar la transición a la movilidad eléctrica significaría que Latinoamérica debería eliminar ciertas barreras así como generar una serie de condiciones habilitantes:
• Crear las condiciones normativas y de política fiscal en los mercados de vehículos para que los automóviles convencionales internalicen sus costos ambientales y energéticos.
• Corregir los mercados de combustibles tanto en términos de calidad de combustibles y subsidios de forma tal que expresen sus precios reales.
• Generar las condiciones adecuadas para el establecimiento de infraestructura y redes de recarga que permita la operación de vehículos eléctricos, primero en zonas urbanas, para progresivamente poder competir también a nivel nacional y regional.
 

Para conseguir este objetivo se sugieren cuatro áreas prioritarias, que si son tratadas de forma integrada, podrían apoyar de forma decisiva a promover la transición acelerada a la movilidad eléctrica en la región. Las primeras dos áreas tienen que ver con el establecimiento de un piso normativo equilibrado, que permita competir en una más cercana igualdad de condiciones a los vehículos eléctricos. La otras dos áreas están relacionadas con la creación de condiciones habilitantes para la movilidad eléctrica.

1- Acelerar la eficiencia energética
• Establecimiento de normas de eficiencia energética para los mercados vehiculares.
• Establecimiento de sistemas de etiquetado de la eficiencia de vehículos.
• Fortalecimiento de los sistemas de cumplimiento de las normativas vehiculares.
• Establecimiento de impuestos de emisiones para los vehículos contaminantes.
• Feebates y bonificaciones incentivando la eficiencia energética para los vehículos que menos consuman o emitan.


2- Eliminar distorsiones de mercado:
• Corrección de los subsidios a los combustibles fósiles.
• Eliminar las importaciones de vehículos usados.
 

3- Crear incentivos para la movilidad eléctrica:
• Incentivos transitorios para la generación de una masa crítica de vehículos eléctricos.
 

4- Desarrollar infraestructura para la movilidad eléctrica:
• Fomento al desarrollo de redes de recarga.
• Tarifas diferenciadas.
• Creación de plataformas de innovación y formación técnica.

 

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