sábado, 18 de enero de 2020
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Movilidad urbana. Bicicletas eléctricas para una movilidad más sostenible

La evolución de la bicicleta como medio de transporte urbano
 
 
 
El transporte ha evolucionado en los últimos años gracias a la unión de muy diferentes fuentes de energía. La bicicleta se ha convertido en un medio de transporte de las ciudades. Los entornos urbanos han implementado este vehículo como medio para aliviar la congestión de tráfico, además de convertirse en un gran aliado en la lucha contra la contaminación.
 
 
 
Si a esto le unimos que la electrificación del transporte es una de las claves con las que se cuenta en la actualidad para reducir emisiones, es sencillo deducir cuál era el siguiente paso: la bicicleta eléctrica. La evolución de este vehículo ha resultado de vital importancia para el desarrollo de un transporte eficaz y responsable con el medio ambiente en la ciudad.
 
 
 
La movilidad sostenible está evolucionando. Nadie puede negar que en las últimas décadas se ha producido una mejora en el transporte urbano que permite dibujar un futuro libre de emisiones.La bicicleta eléctrica es una de las grandes protagonistas de este desarrollo. Hasta 40 millones de bicicletas eléctricas se habrán vendido en 2023 según estimaciones. Sin duda, el estilo de vida saludable y el ahorro económico de la bicicleta frente a otras alternativas como el coche, son algunas de las razones que más están haciendo crecer a este tipo de movilidad.
 
 
 
Pero, ¿a qué equivale esto? Para hacernos una idea, según un estudio del Institute for Transportation and Development Policy de Nueva York, el 22% de la distancia recorrida en la ciudad en 2050 se hará en bicicleta eléctrica. Las grandes ciudades europeas y chinas son los principales escenarios en los que más se desarrolla su extensión, mientras que en otros territorios como Estados Unidos crece cada vez más rápido como alternativa sostenible.
 
 
 
La introducción del motor eléctrico a una bicicleta que facilite y simplifique el proceso de pedaleo, está fomentando su incorporación en un entorno urbano que ha de prepararse para mantener modelos sostenibles. Para ello, animar a que los ciudadanos reduzcan el uso de coches tradicionales y abracen otras alternativas sostenibles es una responsabilidad que las organizaciones deben saber manejar.
 
 
 
Si analizáramos las alternativas de transporte de cada ciudad, la bicicleta eléctrica aparecería entre los puestos más altos. No es sólo una cuestión de sostenibilidad, son muchas las ventajas de la bicicleta eléctrica y es necesario que la población sea conciente de ellas para fomentar su uso.
 
 
 
El precio y sus posibilidades están entre ellos: es mucho más económica que un coche tradicional y uno eléctrico y es más versátil que el transporte público. De hecho, su uso se adapta a cada ciudad al permitir recorrer distancias más largas y subir cuestas con menos esfuerzo gracias a su motor. El movimiento fluido y su carácter sencillo la hacen perfecta para el entorno urbano.
 
 
 
Es por esto que las organizaciones están comprometidas a dar a conocer sus virtudes e incrementar el número de ciudades en las que aumenta su uso. Un ejemplo ha sido la iniciativa puesta en marcha en Sevilla, en la que se ha implantado un programa piloto con cinco puntos de recarga para este medio de transporte.
 
 
 
Sevilla es un ejemplo de ciudad en el que el transporte es cada vez más sostenible. Hasta un 10% de su población utiliza la bicicleta como medio para circular, y es que la capital está considerada una de las mejores ciudades para recorrer a través de este vehículo. De hecho, la red de circulación de carriles bici tiene una extensión de 140 kilómetros, principalmente llanos.
 
 
 
 
Es un modelo de transporte económico, saludable y que ayuda a combatir el cambio climático.

 

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