martes, 04 de agosto de 2020
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Fabio Márquez

Especialista en espacios verdes y gestión pública

Espacios verdes públicos contemporáneos

Los espacios verdes públicos en términos de actualidad, deben establecerse desde los principios de la sostenibilidad ambiental para considerarlos contemporáneos.

 En nuestras ciudades la demanda de espacios verdes públicos se expresa de diferentes maneras, enfocada en principio a situaciones cuantitativas, ya que el déficit urbano de estos espacios está generalizado en la mayor parte de las medianas y grandes ciudades, y también cualitativo, respecto a las prestaciones de uso y funciones ambientales que las plazas y parques deben contener.

Los espacios verdes públicos en términos de actualidad, deben establecerse desde los principios de la sostenibilidad ambiental para considerarlos contemporáneos. Porque lo contemporáneo en nuestro tiempo sobre el espacio público, ya no está focalizado solo en lo estético o funcional del diseño, sino en la manera en que se proyecta, crea y mantiene esa plaza o parque, que debe ser sostenible.

Vale recordar de modo sintético que la sostenibilidad ambiental se basa en tres componentes:

·     Ecológicos: vinculados a la flora y fauna insertada en el lugar, desde el concepto de biodiversidad. Utilizando la flora nativa local, que requiere de menor mantenimiento y es la que interactúa con la fauna local, aportando al paisaje urbano no solo belleza vegetal, sino también mariposas y aves. Al mismo tiempo que la vegetación y especialmente los árboles, prestan servicios ambientales de mitigar contaminación del aire, efecto isla de calor, ralentización de agua de lluvia, amortiguamiento de ruidos, entre las más importantes. También la manera de constituir suelos como soporte de la vegetación, evitando destruir suelos en otra parte para agregar sustrato y aplicando técnicas para armar suelos orgánicos artificiales.

·     Sociales: con la participación de los sectores sociales usuarios o potenciales usuarios en el proyecto y su posterior gestión del espacio. Precisando las necesidades recreativas, contemplación, encuentro social e integración de la población a la que tiene que servir ese espacio verde público. Entendiendo que la buena calidad de éste, hace a mejorar la salud de las personas desde lo tangible y lo intangible. Promoviendo inclusión, tolerancia, respeto y fortalecimiento de la democracia. Respetando la cultura e idiosincrasia local, mejorando el mantenimiento del lugar, con la pertenencia colectiva construida hacia el mismo. A través de procesos de debate y consenso entre los participantes antes de realizar el proyecto y teniendo en cuenta fielmente los acuerdos conseguidos.

·     Económicos: con origen transparente de los recursos, sin derroche pero sin precariedad. La correcta construcción del espacio verde aporta a su adecuado mantenimiento, que asociado a la participación social, debieran reducir gastos evitables. Promover que tanto quienes diseñen, construyan y luego mantengan (sea por acción directa municipal o a través de terceros), sean de la comunidad local. Buscando tanto que sus contrataciones como la utilización de los recursos económicos disponibles, tengan el componente del compromiso con la sociedad a la que pertenecen.

Como se mencionó anteriormente, las plazas y parques urbanos son un bien escaso en las ciudades actuales y si bien debe existir una preocupación en los gobiernos locales para aumentar su cantidad, también es muy necesario y posible mejorar la calidad de los espacios verdes públicos existentes. Mejorar la calidad es en tanto proceso de desarrollo de la decisión de la mejora, como su resultado posterior al ser concretada y ofreciendo una mejor prestación de servicios de uso.

¿Cómo debe ser ese proceso? Indudablemente participativo. Hay variadas metodologías para generar procesos de diseño participativo, en función del volumen de posibles participantes o características particulares del lugar a diseñar o rediseñar. Pero lo que no debiera ocurrir es que esa participación sea simulada o pasiva, en la que los participantes no tienen injerencia en la decisión del diseño. Más allá de la metodología elegida para desarrollar un proceso participativo, esta participación debe ser activa. Esto significa que los actores sociales tengan incidencia manifiesta en la decisión proyectual que se tome. En la decisión sobre la manera en que debe ser un espacio público, en donde siempre hay primero una decisión política de lo que debe contener, usar, funcionar, que debe establecerse a través del debate y construcción de consensos. Para luego los diseñadores transformarlo en el proyecto posible de construir. La intervención de puesta en valor, readecuación o creación de una plaza, debe ser un instrumento para mejorar el vínculo gobernados/gobernantes y esto se optimiza a través de un correcto proceso de participación social/vecinal. Que no debe ser extendido en el tiempo. Una correcta metodología aplica en poco tiempo la toma de decisiones colectivas consensuadas. Participación no debe asociarse a demora de generación de los proyectos, al contrario, los optimiza.

Las plazas y parques son constitutivas del paisaje urbano y son principales aportantes de valor. La buena calidad de este paisaje expresado en el espacio verde público, derrama sobre el entorno urbano improntas de valor positivas. Activando el comercio, aumentando el valor de las propiedades, desarrollo de dinámicas que movilizan el espacio urbano mejorando la seguridad y la integración social. Que con una gestión participativa se vuelve mejor. En la que los participantes mejoran la capacidad no solo de mantenimiento con presencia activa, sino que aportan a la generación de agenda de actividades y detección de problemas, que facilita la gestión municipal.

Una buena plaza o un buen parque aportan a la identidad y cultura local, favoreciendo la idiosincrasia de la sociedad a que tiene que prestar servicios, estimulando el encuentro y la generación de actividades que debe contener. El espacio verde público debe ser acogedor, grato, cómodo, accesible (sin barreras arquitectónicas), bien equipado (especialmente en juegos infantiles), inclusivo a todos los rangos etáreos. Los bancos deben tener respaldo y apoyabrazos, adultos mayores y embarazadas agradecerán.

Hay que poner esmero para que las plazas y parques puedan tener el uso más pleno posible. En el caso de plazas enrejadas y cerradas de noche, se transforman en espacios públicos de uso restringido, que le hacen perder el paisaje nocturno a la población. Se deben generar los instrumentos necesarios para garantizar la seguridad en los espacios públicos en cualquier horario y todos los días del año. Es mucho más importante sostener un cuerpo de guardaparques urbanos con presencia preventiva y capacitados para comunicar un discurso estatal sobre el buen uso del espacio público. Reduce gastos de mantenimiento, mejora el comportamiento ciudadano y la percepción de presencia estatal en el cuidado de lo público.

En el sentido de la manera en que el Estado, a través de los gobiernos locales, proponen modelos de ciudadanía en el manejo del espacio público, la participación social organizada y la estructura física de la plaza forman el compromiso colectivo o no, y favorecen la mejor manera en que la población la use. Reduciendo costos de mantenimiento y arreglos innecesarios, bajando niveles de vandalismo y aumentando la satisfacción de la población usuaria. Hay que priorizar en este caso la oferta lúdica para niñas, niños y adolescentes. Los equipamientos de juegos infantiles deben ser inclusivos, seguros, para diferentes edades, que estimulen la socialización, estimulen destrezas y percepciones físicas, innovadores y divertidos, saliendo del clásico exclusivo de tobogán/subibaja/hamaca, ya que hoy no alcanzan a satisfacer las necesidades de juegos para nuestra infancia. Lo ideal es desarrollar variedad en líneas de equipamientos de líneas de juegos, tanto industriales como hechos especialmente in situ. De ninguna manera está bueno que las áreas de juegos infantiles estén cercadas. Que nuestras niñas y niños jueguen en espacios “enjaulados” van modelando un modelo ciudadano desvirtuado. La plaza puede tener equipamientos específicos en algunos sectores, pero si se cercan estos sectores transmitimos el mensaje que ese espacio es el único seguro para ellos y esto es falso. Toda la plaza debe estar disponible para el uso infantil. Las rejas o cercos en áreas de juegos infantiles surgieron originalmente para evitar que ingresen perros allí, de cuando dominaba la arena en el suelo de estos lugares y que las heces de las mascotas contaminaban con el parásito Toxocara canis, que por vía oral era ingerida por niñas y niños, provocando graves problemas de salud. Estos cercos no resolvieron evitar que ingresen los perros por deficiencias en la gestión, luego se comenzó a cambiar por suelos de caucho y fue quedando el sentido que el cercado actúa como corralito para cuidar a los chicos. En realidad es para comodidad de adultos en no estar tan atentos a sus niños. Debemos recuperar solidariamente la optimización de todos los tipos de usuarios, pero promoviendo comportamientos responsables, especialmente de adultos hacia los niños. Así como también en facilitar espacios que puedan ser prioritarios para adolescentes, como skateparks, hamacas no solo para niños, sectores de encuentro y permanencia con un diseño favorable para ellos. El diseño participativo ayuda a enfocar estas necesidades.

Es central entender que el espacio verde público debe ser lo más verde posible y que lo mejor es utilizar la flora nativa local. No solo es parte del paisaje en términos estéticos, sino que al ser receptora de fauna silvestre aporta otros valores como los ecológicos, que permiten acercar la naturaleza como valor atractivo al hábitat urbano. Observar aves y mariposas como elementos dinámicos contemplativos con sus movimientos, sonidos y sorpresa, que sensibilizan a la gente y le ponen valor subjetivo positivo al espacio. La vegetación es el material más económico de implantar en la plaza, pero hay que esperarla para que crezca, especialmente los árboles y explicarlo. Pero si son de flora nativa y plantadas de modo naturalizado, tienen requieren menos mantenimiento y cuidados que las plantas que generalmente se utilizan, que son exóticas (de cualquier parte del mundo menos del propio lugar), que son atacadas por enfermedades, plagas y requieren de mayores consumos hídricos.

De lo descripto podemos mostrar como caso a modo de ejemplo, al Parque de la Estación inaugurado en junio de este año en la Ciudad de Buenos Aires. Fue un sector ferroviario en desuso desde mediados de la década de 1990, ubicado en parte de la Estación 11 de Septiembre del Ferrocarril Sarmiento, en el que la vecindad comenzó a demandar a partir del año 2000 que se transformara en parque público y luego de muchos años de lucha, en el año 2016 a partir de un proyecto de ley del diputado Carlos Tomada (de la oposición) para que se creara, se logró aprobar en la Legislatura de la Ciudad por unanimidad (con apoyo del oficialismo), con contenidos muy singulares en este parque. La ley aprobada dice que debía realizarse con diseño y gestión participativa a través de la creación de la Mesa de Trabajo y Consenso, que debe producir un Plan de Manejo participativo con presencia de diferentes áreas de gobierno y con un administrador designado a cargo, que todo sea desarrollado desde el concepto de sostenibilidad y se define que debe estar vegetado por flora nativa rioplatense, define como edificio de patrimonio cultural el antiguo galpón ferroviario y planteó restaurarlo y reciclarlo a funciones de biblioteca, polideportivo de prioridad de uso para escuelas públicas, talleres culturales, vivero con orientación en educación ambiental, entre otras cosas. En el proceso de diseño participativo se consensuó que el parque no tuviera rejas, como una de las cuestiones más destacas ante la situación dominante en Ciudad de Buenos Aires de plazas enrejadas. Hoy este lugar tiene el desafío de demostrar la gestión participativa como una manera más eficiente de administración del espacio público a la tradicional. Es un buen caso testigo para evaluar y seguir como referencia en términos de contemporaneidad.

Los profesionales específicamente formados y capacitados para diseñar, construir y mantener los espacios verdes públicos, son licenciados y licenciadas en Diseño del Paisaje. Disciplina contemporánea en la que el centro de su campo profesional es éste. Esta carrera de grado en Argentina la encontramos tanto en la Universidad de Buenos Aires, como en la Universidad del Museo Social Argentino.

El espacio público es lo que constituye a las ciudades y el espacio verde público es estructuralmente central en la calidad urbana que puede disponer una ciudad. Tanto en la cantidad, distribución geográfica equitativa y la calidad de sus prestaciones, que deben ser recreativas, contemplativas, ecológicas, sociales, culturales, educativas y de fortalecimiento de la democracia. Visibiliza de modo manifiesto la presencia del gobierno local en el espacio urbano. 

 

 

* Lic. en Diseño del Paisaje (UMSA), con posgrados en Patrimonio y Turismo Sostenible (UNTreF), Evaluación de Impacto Ambiental (FADU-UBA) y maestría en Gobierno Local (UNQ). Docente universitario de grado y posgrado. Publicó libros sobre biodiversidad urbana y diseño participativo. Director de Gestión Académica de la Facultad de Artes UMSA. Realizó numerosos proyectos en espacios públicos. www.fabiomarquez.com.ar

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