martes, 28 de junio de 2022
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¿Qué tan seguro es movernos en nuestra ciudad?

Las calles son el soporte de muchas actividades, además de la movilidad.
En esta edición transcribimos el artículo publicado por ONU-Hábitat: “¿Qué tan seguro es movernos en nuestra ciudad?”.
 
Por Lucía Carmona y Daniela Chong. En colaboración con Gabriel Sabbagh y Joshua Lee.
 
¿Qué tan seguro es recorrer las banquetas y las calles de nuestra ciudad? Seguramente podemos recordar muchos y diversos obstáculos que ponen en riesgo y dificultan nuestro día a día al trasladarnos.
  
Si pensamos en una persona con discapacidad, ya sea en silla de ruedas o con movilidad reducida, ¿cómo será su recorrido? ¿Y cómo sería para una persona que además de empujar una carriola carga las bolsas del mandado y toma de la mano a una niña pequeña ? ¿Qué sucede en la noche, en un recorrido largo y haciendo uso de distintos medios de transporte? 
 
Las características de las calles, banquetas y todos los espacios peatonales, la gestión de las velocidades de los automóviles, la segregación de los usos de suelo y la expansión de las ciudades crean situaciones que nos vulneran al trasladarnos para ir al trabajo, a comprar el mandado, atender una consulta médica o al salir a divertirnos, y en general para realizar todas nuestras actividades.
 
Movilidad con perspectiva de género
 
La Encuesta Origen-Destino (EOD) para la Zona Metropolitana del Valle de México (ZMVM) del 2017 demostró que el 75% de los viajes para realizar labores asociados con salud, alimentación, educación y recreación, es decir viajes de cuidado, son realizados por mujeres, a pie principalmente (58%). 
 
 
Además, según datos de la misma encuesta, las mujeres caminan sustancialmente más que los hombres. El 71.43% de los viajes realizados por mujeres incluyen tramos realizados a pie, once puntos porcentuales arriba de los viajes que incluyen traslados a pie realizados por hombres (60.23%).
 
La constante presencia de obstáculos y desniveles, así como la ausencia de banquetas y soluciones de infraestructura para garantizar cruces seguros, dificulta hasta el punto de imposibilitar los viajes de cuidado afectando principalmente a las mujeres, quienes los realizan mayoritariamente. Además, de poner en riesgo los traslados de las personas con discapacidad, niños, niñas, y toda aquella persona que requiera de cuidados y con movilidad reducida temporal o permanente. De acuerdo con la CONAPRA (2013), los incidentes viales son la principal causa de muerte de niños y niñas de 5 a 14 años.
 
Las altas velocidades de los vehículos automotores ponen en riesgo a todas las personas. Actualmente, se reconoce que la velocidad es un factor determinante en la prevención de los incidentes vehiculares. La Secretaría de Salud indica que la mayoría de las personas sobreviven si son atropelladas por un automóvil a 30 km/h. Mientras que la mayoría de las personas mueren si son atropelladas por un automóvil a 50 km/h.
 
- De acuerdo con el Informe sobre la Situación de la Seguridad Vial del total de defunciones por siniestros viales en México en 2019, las y los peatones son quienes concentran el mayor porcentaje de fallecimientos con 6,485 atropellamientos fatales (41.6 %).
 
- Ante la peligrosidad asociada a los traslados en medios no motorizados, las personas con discapacidad y personas adultas mayores llegan incluso a permanecer aisladas y atadas al ámbito doméstico.
 
Además de los viajes de cuidado, también nos desplazamos para acceder al trabajo. Las mujeres suelen realizar estos viajes a pie y en transporte público, de acuerdo con los datos de la Encuesta Origen-Destino para la ZMVM - 2017. 
 
La rapidez de los vehículos particulares como criterio para el diseño del transporte
 
Lamentablemente la planeación de los sistemas de transporte históricamente se ha realizado considerando principalmente la rapidez de los vehículos particulares para acceder a las fuentes de empleo, sin reconocer otros patrones y necesidades de viaje. Esto dificulta considerablemente el día a día de las personas que realizan traslados con múltiples destinos y propósitos.
 
A esto se suman, las largas distancias a recorrer, que perpetúan las malas condiciones en largos, complejos y peligrosos traslados producto de la fragmentación de los usos de suelo y el estado de la infraestructura peatonal, ciclista y del transporte público. 
 
 
Para mejorar la calidad de vida de todas las personas, es necesario reconocer y planear para otros motivos y tipos de viaje, así como para el uso de múltiples modos de transporte. Aunado a las diferencias en el motivo de nuestros viajes, es importante reconocer que, al trasladarnos, existe una gran diversidad de experiencias y realidades de vida cambiantes. Ello se debe a que, a lo largo de nuestra vida y conforme pasan los años, nuestras necesidades cambian, lo que hace que nuestra experiencia y realidad no sea permanente.
 
Debemos romper el paradigma que asocia los traslados y el diseño de las calles con la velocidad para acceder a las actividades productivas; trabajar y evitar que la vida se convierta en una carrera de obstáculos en la ciudad.
 
Crear Calles para la vida, es aún una asignatura pendiente. Reconocer que las calles son el soporte de muchas otras actividades, además de la movilidad, es fundamental para propiciar espacios con vocación lúdica, comunitaria y de encuentro, donde la vida en comunidad pueda florecer y donde un niño o una niña pueda jugar en libertad y sin peligro. También es necesario, evaluar los factores de riesgo que actualmente padecen nuestras calles, para así diseñar soluciones que contribuyan a mitigar esos factores, principalmente la velocidad de los vehículos automotores.

Las calles para la vida, donde florecemos como individuos y comunidad, requieren ser diseñadas y gestionadas contemplando velocidades que no supongan un riesgo para las personas, considerando que, las personas poseemos diversas habilidades y capacidades que van cambiando a lo largo del tiempo. Gestionar la velocidad de los vehículos automotores bajo un enfoque de seguridad vial, garantizará mejores condiciones para todas las personas, al reducir el riesgo de incidentes vehiculares y permitir la consolidación de entornos compartidos, atractivos, seguros y prósperos, logrando mantener a las personas en el centro de la planeación y del diseño. 

Fuente: ONU-Hábitat

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