domingo, 28 de noviembre de 2021
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Servidores públicos, ¿cómo administrar la información pública?

Para la administración pública resulta vital disponer de información veraz y oportuna. La gestión de información constituye, entonces, un proceso estratégico.
En esta publicación se transcrible el Capítulo 7 del Libro "Contribución a la gestión municipal eficiente y sostenible en Cuba":
 
Autoras
Naydelín Sánchez Ortega. Profesora Asistente del Centro de Estudios para la Gestión del Desarrollo, Universidad Agraria de La Habana
Sandraliz Rafoso Pomar. Aspirante a Investigadora del Centro de Desarrollo Local y Comunitario (CEDEL)
Mireya Valera Hernández. Especialista del Centro de Desarrollo Local y Comunitario (CEDEL)
 
Introducción
 
La dinámica del mundo contemporáneo es cambiante. Las habilidades, maneras de ser y hacer que, hace algunos años, permitían solucionar asuntos internos (sociales, administrativos, económicos y políticos) de una localidad, ahora necesitan de otras competencias para poder lidiar con entornos complejos que afectan lo local y lo territorial. En este sentido, lo esencial es no percibirse ajeno a estos acontecimientos; apropiarse de conocimiento útil, relevante y pertinente contribuirá a desarrollar acciones que permitan desenvolvernos de forma independiente en este contexto. La autonomía del municipio es indispensable para defender y conducir la estrategia económica y social en los territorios, lo que contribuye a la consecución de las metas del Plan Nacional de Desarrollo Económico y Social hasta el 2030 (PNDES) y los Objetivos de Desarrollo Sostenible.
Según Díaz-Canel y Delgado (2021, p. 13):
 
El desarrollo local es un proceso esencialmente endógeno, participativo, innovador y de articulación de intereses entre actores del territorio y los diferentes niveles de dirección, que se sustenta en el liderazgo de los gobiernos municipales y provinciales para la gestión de sus estrategias de desarrollo.
 
Este proceso se logra con una adecuada administración pública, que gestione todos los recursos en función de la calidad de vida de los ciudadanos. En el contexto actual la información constituye un recurso estratégico en el ámbito social, cultural, económico y político; su eficiente uso y manejo contribuye al desarrollo de la sociedad. Una sociedad de la información y el conocimiento caracterizada por la sobreabundancia de fuentes de información y en la que nuestras decisiones, nuestra forma de solucionar problemas o las actividades que desempeñamos se fundamentan en un uso consciente y crítico de este recurso. En este marco urge que el individuo se dote de diversas herramientas y habilidades. Se trata de desarrollar competencias informacionales, presentes en todas las fases del ciclo informacional, y que atienden también a los procedimientos mediante los cuales producimos nueva información y la introducimos en la cadena, compartiéndola y difundiéndola para que sea accesible al resto de la comunidad (Cuesta, 2019).
 
Para la administración pública resulta vital disponer de información veraz y oportuna. La gestión de información constituye, entonces, un proceso estratégico en este ámbito. No obstante, poseer este recurso no garantiza el éxito, se necesitan determinadas destrezas para facilitar su uso.
 
Los servidores públicos deben tener una serie de habilidades, actitudes, prácticas y valores para el desempeño de sus funciones. Dentro de estas son fundamentales las relacionadas con la infocomunicación, el uso de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) y la ética. Este texto sepropone realizar una propuesta de competencias informacionales para los servidores públicos, a partir de las experiencias y realidades de Cuba.
 
El estudio que se presenta constituye una primera aproximación al tema. En él se analizan los referentes teórico-conceptuales relacionados con las competencias informacionales, enfocando el ámbito de la administración pública en el contexto cubano. Se realiza una revisión bibliográfica y se precisan las consideraciones teóricas relevantes para la investigación.
 
 
En torno a las competencias
 
La sociedad actual exige que las personas adquieran y desarrollen habilidades y actitudes en diferentes ámbitos que les permitan enfrentar los cambios que acontecen; se trata de un proceso de aprendizaje continuo que se configura a partir de las necesidades del contexto.
 
La competencia es la capacidad de movilizar y aplicar correctamente, en un entorno (laboral) determinado, recursos para producir un resultado definido. Incluye no solo conocimientos y habilidades para hacer el trabajo (saber hacer), sino también actitudes; es decir, valores y rasgos personales vinculados a su buen desempeño (querer hacer). Las competencias consisten en la puesta en práctica, de forma combinada, integrada; en un contexto determinado; de todos los recursos (habilidades, conocimientos y actitudes) para la resolución de problemas y situaciones diversas, de forma exitosa (Sánchez, 2010). Tienen un enfoque holístico, sinérgico, sistémico y dinámico, moldeadas por las exigencias del contexto en el que se desarrollan.
 
El tema de las competencias ha sido abordado en el ámbito de la Educación Superior, en el contexto organizacional, empresarial y laboral. La gestión de los recursos humanos está determinada por las competencias que estos poseen.
 
Hay una tendencia en la Educación Superior hacia el enfoque por competencias, a partir de elementos del contexto social y del entorno educativo contemporáneo que generan desafíos y llevan a replantear muchos de los presupuestos establecidos. Es evidente, según (Bozu y Canto, 2009, p. 25):
 
La necesidad de formar personas que puedan ser capaces de seleccionar, actualizar y utilizar el conocimiento en un contexto específico, que sean capaces de aprender en diferentes contextos y modalidades, a lo largo de toda la vida, y que puedan entender el potencial de lo que van aprendiendo para que puedan adaptar el conocimiento a situaciones nuevas.
 
Siguiendo esta idea se plantea que “esta perspectiva educativa no se limita al conjunto de conocimientos o habilidades requeridas para desempeñarse adecuadamente en un determinado contexto, ni a la simple ejecución de tareas, sino que también involucra una combinación de atributos con respecto al saber, saber hacer, saber estar y saber ser (Proyecto Tuning, 2003 citado en Crispín, Gómez, Ramírez y Ulloa, 2012, p. 11).
 
Se trata de contar con personas competentes, con una formación integral, que logren desenvolverse adecuadamente ante los problemas y demandas sociales. Bien lo afirman Núñez y Pérez (2018, p. 18), “no hay desarrollo sin personas preparadas. A cualquier nivel (local, territorial, nacional), es inimaginable hoy el desarrollo sin capacidades de conocimiento, ciencia, tecnología e innovación”. Estos autores ratifican que una condición imprescindible para que las personas actúen como agentes es que tengan capacidades para hacerlo y una fuente importante de estas proviene de la educación y el conocimiento.
 
Debido a la agilidad con que van los procesos de cambios en todas las esferas, las competencias requeridas para un mejor desempeño en el ámbito organizacional también irán cambiando, por lo que se necesitan procesos de enseñanza-aprendizaje de competencias en constante evolución que vayan a la par de estos cambios (Gorgoy, 2020). Es necesario que las personas adquieran nuevas competencias en función de las exigencias de los nuevos contextos y dinámicas; no se trata de acumular conocimientos, sino de saber aplicarlos creando estrategias y desarrollando sus potencialidades para un mejor desempeño ante las problemáticas actuales.
 
 
Competencias informacionales: Hacia una definición
 
Cada tarea requiere competencias específicas; no obstante, puede afirmarse que las competencias informacionales son transversales a todos los procesos y todas las disciplinas. La American Association of School Libraries (ALA) (1998) la define como “la habilidad de reconocer una necesidad de información y la capacidad de identificar, localizar, evaluar, organizar, comunicar y utilizar la información de forma efectiva, tanto para la resolución de problemas como para el aprendizaje a lo largo de la vida” (citado por Castillo, Reyes y Rodríguez, 2016, p. 38).
 
Uribe y Castaño (2010) expresan que son conocimientos, habilidades y actitudes que posibilitan a las personas o grupos utilizar de manera eficiente y eficaz, crítica y ética, la información que facilitan las TIC y otras fuentes impresas, visuales y sonoras, con el fin de generar conocimientos académicos, educativos, investigativos, laborales, profesionales, económicos, políticos, sociales, culturales. Estas competencias interrelacionan los procesos de búsqueda, localización, selección, recuperación, organización, evaluación, producción y divulgación de información. Según plantea Quindemil (2010, p. 60) son:
 
El conjunto de las capacidades, conocimientos, habilidades, actitudes y valores para definir una necesidad informacional, buscar, encontrar, seleccionar, evaluar, usar y comunicar información de forma eficaz, con sentido ético, reflexivo y crítico. Infieren aspectos propios de cada individuo, desde los emotivos hasta los cognitivos y actitudinales, asociados a las destrezas en el uso de las tecnologías, al acceso a redes en la búsqueda y gestión de la información y a la necesidad de un aprendizaje autónomo y que, a la vez, imbrican a otros al interactuar en un contexto; siendo dinámicos y cambiables en la medida que se avanza como ser social.
 
Las competencias informacionales se adquieren por medio de la alfabetización informacional, de ahí que en la literatura puedan encontrarse muy relacionados estos términos. La UNESCO (2015) afirma que el objetivo de la alfabetización informacional (ALFIN) es capacitar a las personas para buscar, evaluar, utilizar y crear información para lograr sus metas personales, sociales, ocupacionales y educativas, lo cual constituye un derecho humano básico en el mundo digital y promueve la inclusión social de todas las naciones. La ALFIN es el proceso a través del cual se desarrollan las competencias informacionales, “siempre señaladas como una de las competencias clave. En consecuencia, los diversos proyectos curriculares de formación en competencias las incluyen, ya sea bajo la calificación de nucleares o transversales” (González, 2015, p. 151).
 
Toda la actividad informacional requiere de competencias informacionales. Esta idea es expuesta por Chávez y Barriosnuevos (2018), quienes consideran los procesos que tienen lugar en la pirámide informacional, en el ciclo de vida de la información, y en el modelo de gestión de la información propuesto por Ponjuán (2011).
 
En la pirámide informacional, definida por Páez (1992), aparecen relacionados los conceptos de datos, información, conocimiento e inteligencia. Cada uno de estos niveles de la cadena requiere una agregación de valor que posibilita la transición de uno a otro. Tenemos los datos, pero es necesario relacionarlos y atribuirles significado para convertirlos en información; a su vez esta información hay que estructurarla, analizarla e interpretarla y, a través de la experiencia, la convertimos en conocimiento; este permite la adaptación al contexto y la toma de decisiones, expresado en un nivel superior, la inteligencia, como se presenta en la figura 7.3.
 
El ciclo de vida de la información, descrito por Vizcaya (2003), representa los procesos que se llevan a cabo desde que esta se origina —selección, procesamiento, almacenamiento, búsqueda y recuperación, diseminación— hasta el surgimiento de nueva información y conocimiento, como se muestra en la figura 7.4. Es un proceso cíclico que necesita de una eficiente administración en cada una de sus etapas.
 
 
Ponjuán (2011), en su modelo de gestión de información (figura 7.5), la define como un proceso estratégico que tiene lugar en una organización de cualquier tipo, incluidas las comunidades y otras entidades de carácter social. Incluye todas las actividades de una organización y sus componentes, en estrecha relación con el sistema que lo rige.
 
No puede hablarse de gestión de la información sin la alfabetización informacional y el desarrollo de competencias; sin ellas no habrá un buen desempeño de la organización para el logro de sus objetivos y la toma de decisiones. De acuerdo con Chávez y Barriosnuevos (2018, p. 41):
 
El objetivo primordial de la gestión informacional consiste en aprovechar los recursos y capacidades de información de la organización, con el fin de aprender y adaptarse a su entorno cambiante hacia las organizaciones inteligentes. La administración del recurso informacional implica un proceso por el cual la organización captura, usa y procesa los datos en aras de alcanzar los objetivos propuestos.
 
Considerando los elementos anteriores, puede afirmarse que las competencias informacionales son comunes a todas las disciplinas, a todos los entornos de aprendizaje y a todos los niveles de educación. Una persona competente en el acceso y uso de la información es capaz de:
• Determinar el alcance de la información requerida.
• Acceder a ella con eficacia y eficiencia.
• Evaluar de forma crítica la información y sus fuentes.
• Incorporar la información seleccionada a su propia base de conocimientos.
• Utilizar la información de manera eficaz para acometer tareas específicas.
• Comprender la problemática económica, legal y social que rodea al uso de la información, y acceder a ella y utilizarla de forma ética y legal (Sánchez y Alfonso, 2007).
 
Por su parte, Cañedo (2014, p. 223) plantea que un individuo competente en información es aquel que posee las combinaciones de conocimientos, habilidades y actitudes necesarias para:
• Reconocer, caracterizar y expresar correctamente sus necesidades de información.
• Identificar las fuentes de información apropiadas para buscar la información que necesitan.
• Recuperar la información pertinente.
• Evaluarla.
• Organizarla.
• Aprehenderla.
• Utilizar y diseminar la información resultante en forma ética y efectiva para apoyar el curso de las acciones, la solución de los problemas, la toma de decisiones y el aprendizaje para toda la vida.
 
Estas propuestas sintetizan algunas habilidades que deben tener los individuos. Formar competencias informacionales garantiza la actualización constante de los conocimientos personales, grupales, institucionales y sociales. Estas deben estar en sintonía con el rol del sujeto y el entorno organizacional, integrando la vida profesional y personal, pues solo así rebasan los límites espaciales y sirven de base a la mejora continua (Castillo, Reyes y Rodríguez, 2016). El desarrollo de las competencias se logra desde la práctica, ejercitándolas y respondiendo a las situaciones específicas del contexto.
 
Competencias informacionales en la administración pública El tema de las competencias informacionales ha sido tratado, fundamentalmente, en el ámbito de los servicios de información, donde se originó, y en el contexto de las universidades, por ser las instituciones que tienen a su cargo la formación profesional; en la administración pública son recientes las aproximaciones a su estudio.
 
A criterio de Pérez, Marañón y Bauzá (2016), desde el ámbito empresarial, las definiciones sobre gestión por competencias centran su análisis hacia lo interno del proceso, es decir, la planificación, organización, ejecución y control de la formación de las personas para el cumplimiento de los objetivos organizacionales; sin embargo, su análisis en el contexto de la administración pública debe ampliar esta visión, a partir de las necesidades de la población que se deben satisfacer.
 
El funcionamiento de la dinámica gubernamental está marcado por el uso de la información. Esta gestión gubernamental depende, en gran medida, de que las personas involucradas cuenten con las competencias informacionales para el tratamiento de este recurso en su obtención y transformación.
 
En este escenario (la administración), las necesidades de los ciudadanos y de todos los agentes involucrados, desde la participación, determinan competencias específicas, pues se trata de información que involucra, atañe a otros (los administrados).
 
En el ámbito de la administración pública las competencias informacionales se definen como “un conjunto de capacidades (habilidades, aptitudes, actitudes) que deben poseer los funcionarios de los gobiernos que les permita reconocer la información que necesitan, saber buscarla, gestionarla, evaluarla y comunicarla de forma adecuada. Estas garantizan un mejor desempeño laboral” (Casañas, 2020, p. 51).
 
El buen funcionamiento de las organizaciones y de las administraciones está determinado por las capacidades, actitudes y prácticas que tengan las personas implicadas en ellas. Es necesario adaptar las competencias informacionales y adquirir otras en función del nuevo contexto (TIC, redes, plataformas, fakenews). En la actualidad la pandemia de la COVID-19 ha cambiado los escenarios y ha modificado las formas de hacer y comportarse (teletrabajo, educación a distancia, compras en línea, entre otras).
 
En el ámbito de la administración pública cubana se añaden la actualización del modelo económico y social, las nuevas estrategias para impulsar el desarrollo territorial, la descentralización, el fortalecimiento del municipio, la autonomía municipal, entre otras.
 
La aprobación por el Consejo de Ministros de la República de Cuba del Decreto No. 33 del 2021 marca un punto importante en función de la gestión estratégica del desarrollo territorial. Este promueve el aprovechamiento de los recursos y posibilidades locales y el diseño de estrategias de desarrollo territorial como instrumento de trabajo integrador que sintetiza y se elabora a partir de otros documentos clave en el escenario municipal, provincial, nacional, a partir de los objetivos e intereses a alcanzar. En este espacio desempeñan un papel clave los sistemas de información y comunicación. Además, se necesitan de sistemas de formación, capacitación y asesoría, a partir de las necesidades que se derivan de esta gestión.
 
 
Propuesta de competencias informacionales para los servidores públicos
 
Para el desempeño de sus funciones en el entorno laboral y en la comunidad los servidores públicos deben poseer una serie de competencias: administrativas, comunicativas, digitales y, sobre todo, informacionales. Todas estas se complementan y permiten desarrollar acciones en su contexto (local, territorial y nacional). En la Carta Iberoamericana de Calidad en la Gestión Pública, en el acápite de desarrollo de capacidades de los empleados públicos, se especifica que el éxito de una administración pública depende del conocimiento, las habilidades, la creatividad innovadora, la motivación y el compromiso de sus autoridades, directivos y demás funcionarios públicos (CLAD, 2008).
 
Zurita, Cabezas y la Asociación de Municipalidades Ecuatorianas (2012) mencionan las competencias cardinales, entre ellas: adaptabilidad a los cambios del entorno, compromiso, conciencia institucional, ética, flexibilidad y adaptación, iniciativa, innovación y creatividad (brinda soluciones nuevas que son aplicables a su área de trabajo y tienen repercusión en su área de actuación), consecución de objetivos, orientación de servicio (brinda una atención cordial y efectiva a la ciudadanía) y responsabilidad social. Dentro de las competencias específicas señalan la calidad y mejora continua, planificación y organización, colaboración, comunicación eficaz, conocimientos técnicos, pensamiento analítico, relaciones públicas, toma de decisiones, trabajo en equipo y emprendimiento.
 
A su vez, otros autores (Carmona, Cordero y García, 2020) plantean que el servidor público es el encargado de monitorear sistemáticamente las necesidades de los públicos que atiende para satisfacerlas convenientemente; lograr eficacia en los propósitos de desarrollo socioeconómico y elevación de la calidad de vida de la sociedad; garantizar el orden y la tranquilidad pública; proteger los derechos ciudadanos, exigiendo el cumplimiento de los deberes; defender la cultura y los principios éticos y morales de la sociedad. Por tanto, señalan como competencias y comportamientos deseables en quienes desempeñan roles en la administración pública en Cuba: el compromiso como servidor público; la orientación a la ciudadanía; la voluntad y el dinamismo; el pensamiento estratégico creador; el aprendizaje de los errores; la capacidad de análisis; el elevado espíritu crítico; el intercambio de criterios; el desarrollo del trabajo colectivo; y la educación consciente.
 
En la bibliografía consultada se pueden identificar determinadas habilidades que deben poseer las servidoras y servidores públicos a tono con su desempeño; no obstante, Rodríguez (2020) identifica que los temas menos tratados en la administración pública son los referidos a las competencias informacionales y programas de ALFIN, aun cuando se han impartido cursos de formación sobre el tema.
 
Teniendo en cuenta las características de la sociedad actual y los cambios que están aconteciendo en el contexto de la administración pública en Cuba, que pone a las y los servidores públicos a cargo de la gestión estratégica del desarrollo local, territorial y nacional, a partir de la participación ciudadana, se hace necesario la formación y actualización de competencias. Las competencias informacionales, comunicativas y digitales son inherentes a todos los procesos y en este contexto no pueden verse separadas.
 
Partiendo de los referentes antes esbozados, teniendo en cuenta las etapas del ciclo de vida de la información, la pirámide informacional y el proceso de gestión de la información, se realiza una propuesta de competencias informacionales. Estas podrían organizarse en nueve dimensiones, como aparece en la tabla 7.1.
 
Esta primera aproximación sintetiza las habilidades, acciones y valores necesarios para el manejo y tratamiento de la información por parte de las servidoras y los servidores públicos. Estas habilidades incluyen prácticas que van desde el dominio de las formas tradicionales para el manejo de la información hasta las más actuales, y la combinación de estas; teniendo en cuenta todas las variantes posibles en función de las necesidades, los intereses, los objetivos, los resultados esperados; los usuarios y las potencialidades del ecosistema territorial y local.
 
Con respecto a los valores, estos inciden en toda la actividad informacional y los procesos que se llevan a cabo en cada etapa. El manejo de la información, en las dimensiones antes señaladas, depende de la apropiación de estos valores por parte de los servidores públicos, como gestores y facilitadores de los procesos de desarrollo a nivel local y provincial que garantice la disponibilidad de la información para la toma de decisiones y el intercambio con la ciudadanía. Las competencias informacionales propuestas pueden evaluarse a través de indicadores bien definidos y objetivamente verificables.
 
Las competencias digitales son inherentes a ellas. Es necesario dominar las herramientas tecnológicas apropiadas para buscar, acceder, adquirir, organizar, recuperar, almacenar y difundir la información. De igual forma, son esenciales las competencias comunicativas, de preferencia las dialógicas, pues permiten generar espacios de construcción colectiva y participación ciudadana.
 
Una comunicación eficaz en el contexto de la administración pública, requiere desarrollar la escucha activa, la socialización de la toma de decisiones, la transparencia, la empatía, para generar espacios de confianza y puesta en común. Es así como se toman decisiones que permiten definir políticas que benefician a la ciudadanía, mediante canales de comunicación efectivos y participativos que fortalecen el escenario municipal.
 
El propósito es crear destrezas, capacidades y formas de hacer que generen ventajas y facilidades para las y los servidores públicos, que garanticen un sistema de trabajo dinámico, eficaz, eficiente. Cabe señalar que para que un municipio funcione adecuadamente y se inserten los adelantos científico-técnico, concretamente la innovación; debe mediar intercambio de información y saberes; entendimiento entre la administración y la ciudadanía, promoviendo un estilo de gobierno abierto y electrónico, hacia la gobernanza.
 
Las competencias informacionales se forman en esos servidores públicos; pero la motivación y la creatividad para desempeñarse en innovaciones sociales se concreta también por el interés y desarrollo personal, porque hay cuestiones subjetivas que afectan o impulsan. La motivación desempeña un rol fundamental; es el motor de empuje para generar aquellas innovaciones que solo surgen desde la construcción colectiva de conocimiento, que es capaz de producir el ser humano.
 
 
Conclusiones
 
En Cuba se apuesta hoy por el desarrollo local, la descentralización y la autonomía municipal, incluso con un respaldo desde la dimensión política. Esta nueva realidad requiere de nuevas habilidades que permitan responder ante las nuevas situaciones. En este contexto, la formación de capacidades en los servidores públicos es esencial, específicamente las relacionadas con la gestión de la información.
 
Las competencias informacionales propuestas se agrupan en nueve dimensiones; estas tienen su sustento en la pirámide informacional, el ciclo de vida y el proceso de gestión de la información. Su desarrollo es vital para el cumplimiento de las funciones administrativas de las servidoras y los servidores públicos, en la toma de decisiones y la interacción con la ciudadanía; es la forma más consciente de participar en la satisfacción de las necesidades de la comunidad.
 
No pueden verse desligadas de las competencias comunicativas y digitales, en tanto son transversales al resto de las habilidades que deben incorporarse como parte de la práctica cotidiana.
 
Referencias bibliográficas
 
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[1] Ponencia presentada en el Evento Internacional de Ciencia e Innovación Tecnológica INNOVACOM 2021, Las Tunas, Cuba. 
 

 

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