sábado, 08 de agosto de 2020
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Cézar J. Galarza, PhD (*)

COVID-19, ambiente, lecciones y modelos de negocio post-pandemia

Por César Galarza. Artículo orginalmente publicado en: elDial.com, el día 13 de julio de 2020.

resumen: La pandemia del Covid-19 puso en pausa el normal desenvolvimiento de la sociedad. Desnudó e hizo visible también el alcance general de antiguos problemas económicos y sociales que muchos consideraban relegados a ciertos sectores de la comunidad. Trajo, además, a la mesa de discusión pública y privada el estado de riesgo en el que la humanidad se ha puesto a sí misma tras años de implementar un sistema económico basado en la degradación de la naturaleza; y conceptos como “limitación”, “nuevo paradigma”, y “nueva-normalidad” que, de la noche a la mañana, pasaron a estar en boca de todos. Sin embargo, podría ser que esas mismas circunstancias, sumadas a las lecciones aprendidas de la pandemia, sean la llave que permita a la humanidad abrir la puerta al alcance efectivo del buscado desarrollo sostenible, sin el cual le sería muy difícil a ésta proyectar su sobrevivencia a futuro.

Palabras claves: Agenda 2030 – Ambiente – Ámsterdam - Contribuciones basadas en la naturaleza – Coronavirus – Corrientes – Covid-19 - Crecer dentro de los limites planeta - Crisis económica - Desarrollo Sostenible - Disrupción - Economía circular - Economía del donut – Empresas - Esteros del Ibera - Green on the bottom – Individualismo – Innovación - Lecciones aprendidas - Medioambiente - Nueva normalidad - Nuevos modelos de negocio - Nuevos negocios – Objetivos de Desarrollo Sostenible - ODS - Pandemia -   Producción de naturaleza – Reinvención – Repensar – Resiliencia - Sostenibilidad- naturaleza - Triple impacto – Win Win.
Contenido: I. Introducción. II. Antes de la pandemia. III. Tiempos de cuarentena. IV. El nuevo paradigma post-Covid-19. IV.1. La mirada holística. IV.2. Vivir dentro de un donut. V. Nuevos modelos de negocio de triple impacto. V.1. La economía circular. V.2. Las contribuciones basadas en la naturaleza. VI. Conclusión.
 
(*) Doctor por la Universidad de Santiago de Compostela (premio extraordinario de doctorado 2005). Magister en Diseño, creación y gestión de proyectos. Especialista en Consultoría Ambiental. Especialista en Derecho Tributario. Licenciado en Derecho. Técnico en Derecho Ambiental. Diplomado en Cuestiones legales del cambio climático.
“La utopía está en el horizonte. Me acerco dos pasos, ella se aleja dos pasos. Camino diez pasos y el horizonte se corre diez pasos más para allá. Por mucho que camine, nunca la alcanzaré. ¿Para qué sirve la Utopía? Para eso sirve: Para avanzar” (Eduardo Galeano)[1].
I.   Introducción.
La pandemia del Covid-19, surgida en China a fines del año 2019, y diseminada por todo el globo a partir de los primeros meses del año 2020[2], se convirtió de la noche a la mañana en un cepo que puso en pausa el normal desenvolvimiento de la sociedad en casi todos los países del orbe. Sus consecuencias hasta el momento han sido devastadoras en lo sanitario, económico y social, por lo que resulta difícil ver en la misma un aspecto positivo. Sin embargo, dicha crisis podría representar la llave que permita abrir la puerta a la implementación efectiva del desarrollo sostenible[3], tan buscado, y sin el cual sería muy difícil proyectar un futuro a largo plazo de la humanidad. La crisis del coronavirus, desnudó e hizo visible también el alcance general de antiguos problemas económicos y sociales que muchos consideraban lejanos o relegados a ciertos sectores de la comunidad, como ser, entre otros, la insuficiencia de los sistemas sanitarios, el desempleo, la falta de productos básicos, la vulnerabilidad, el aislamiento y la soledad. Trajo además en forma abrupta a la mesa de todas las discusiones el estado de riesgo en el que la humanidad se ha puesto a sí misma tras largos años de implementación de un sistema económico basado en la degradación de la naturaleza, como así también los conceptos de “limitación”, “nuevo paradigma”, y “nueva-normalidad[4]” que, de la noche a la mañana, pasaron a estar en boca de todos. Sin embargo, podría ser que esas mismas nociones novedosas, sumadas a las lecciones aprendidas de la pandemia, se conviertan en la piedra de Rosetta que permita decodificar el camino a seguir para el alcance efectivo del buscado desarrollo sostenible (económico, social y ambiental), y que ello a su vez facilite la aceleración de la superación de la crisis económica post-pandemia.
II.     Antes de la pandemia.
De seguro llevará tiempo establecer el origen preciso del Covid-19, no obstante, numerosos científicos no dudan en afirmar ya su relación causal con la degradación ambiental del planeta, en particular, con la destrucción de los bosques, el tráfico de especies, la intensificación agrícola y ganadera, y el cambio climático (Pratesi, et al, 2020[5]). De ser así, la crisis sanitaria del coronavirus no constituiría una realidad inesperada, sino algo anunciado en forma previa en numerosas oportunidades, y que podría haberse evitado. En este sentido, ya en el año 2016 un informe del Programa de la ONU para el Medio Ambiente (PNUMA) anticipó que las enfermedades provenientes de la zoonosis, conectadas con la degradación ambiental, podían causar, en un futuro próximo, pandemias con pérdidas económicas cuantiosas (ONU Argentina, 2020[6]). Por otro lado, tanto la “Plataforma Intergubernamental Científico-normativa sobre Diversidad Biológica y Servicios de los Ecosistemas” (IPBES), como el “Panel intergubernamental de Expertos sobre el cambio climático (IPCC)”, se han expedido también en los últimos años sobre el preocupante estado de riesgo en que se encuentra el planeta a raíz del creciente deterioro de los recursos naturales, y cómo ello podría tener consecuencias graves para la humanidad, como ser, entre otras cuestiones, la aparición de nuevas enfermedades (IPBES, 2019;  e IPCC, 2018-2019[7]). Se observa así, que el coronavirus, no conforma algo inesperado, sino que resultaría ser una consecuencia del comportamiento de la humanidad sobrepasando los límites naturales del planeta[8].
III.     Tiempos de cuarentena.
Al comenzar a diseminarse el Covid-19, y ante la incertidumbre de cómo comportarse ante él por la falta de una vacuna, los gobiernos de casi todos los países del mundo comenzaron a implementar distintos niveles de cese de actividades en forma preventiva (o lockdown en su terminología anglosajona). Y si bien en un principio pareció, que esto traía beneficios colaterales a la naturaleza, ello distó de ser realidad. Es así que a medida que se generalizaba la cuarenta los medios de comunicación y las redes sociales se poblaban de noticias relativas a la disminución de la contaminación atmosférica e hídrica, y el resurgimiento de la vida vegetal y animal que invadía las ciudades. Sin embargo, tales favores fueron solo superficiales ya que a los pocos días se pudo conocer que la concentración de recursos en la lucha contra la pandemia (sobre todo de las fuerzas de contralor del orden público) estaba produciendo, como consecuencias indeseada, un acrecentamiento de conductas degradadoras del ambiente de larga data tales como, el aumento de las tasas deforestación en el Amazonas y ciertas zonas de Asia, el incremento la caza, pesca, y minería ilegal en distintas áreas del planeta, como así también una mayor presión sobre los recursos naturales originada por el éxodo masivo de la población urbana al ámbito rural escapando del virus, la desocupación y el hambre (World Economic Fórum, 2020[9]). Se observa así, que la supuesta recuperación del planeta durante la interrupción de actividades por el coronavirus fue solo trivial, ya que la realidad ha sido muy distinta: todo el mundo tuvo cuarentena, menos la naturaleza, que vio potenciada en ese tiempo las conductas que la dañan.
El Covid-19 cambió también en forma abrupta el sistema vida imperante hasta el momento en la sociedad, cubriéndolo de limitaciones. Se vieron cercenadas por doquier, y en pos del bien común, numerosas libertades individuales y colectivas (como circular, trabajar, relacionarse, etc.); sin embargo, si bien esto tuvo un alto contenido negativo, acarreo también consecuencias positivas. Dentro de lo malo, aparte de lo sanitario, y entre otras muchas cuestiones, crecieron la desocupación, la pobreza, la desigualdad, la ruptura de cadenas pagos, el desabastecimiento de productos, el aislamiento, la orfandad de adultos mayores y personas vulnerables, la violencia familiar y de género, el individualismo nocivo; y entre lo bueno, se potencio la venta on line, el home working, la re-valorizaron de actividades esenciales usualmente relegadas, la producción y venta local y de cercanía, la valoración de las relaciones sociales, la solidaridad, la educación doméstica, y sobre todo, la capacidad de re-invención y resiliencia individual y colectiva pública y privada. Es evidente entonces, que el coronavirus llego para generar inconvenientes, pero también ha traído beneficios colaterales, e impensados, a la sociedad.
IV.     El nuevo paradigma post - Covid-19.
Si bien aún se desconoce cuánto tiempo durará la pandemia, tarde o temprano la misma verá su fin, y así también los efectos negativos que ésta ha ocasionado, sin embargo, algunos de ellos perdurarán por largo tiempo, e incluso, se amplificarán. En ésta línea, en muchos países las consecuencias económicas de la crisis sanitaria del Covid-19 serán profundas, y hasta desbastadoras, obligando a gobiernos y a los distintos sectores de la sociedad a concentrar esfuerzos para la recuperación. Tal necesidad de reactivación económica podría causar un efecto indeseado de flexibilización de las medidas y avances implementados en la protección ambiental, justificando asimismo el diseño y ejecución de instrumentos y medidas económicas que impliquen, al menos en forma indirecta, un deterioro o daño al planeta (Por ej., entre otros, beneficios impositivos a sectores económicos con alto potencial contaminante o generador de gases de efecto invernadero, o el  aumento del uso de combustible fósil ya sea por la necesidad de rápida reactivación económica, o por el menor y menos eficiente uso del transporte público motivado por las precauciones de para evitar el retorno del virus). Se puede notar entonces que las consecuencias negativas de la crisis del coronavirus no sólo pueden prologarse por largo tiempo, sino que inclusive pueden acrecentar la actual situación de riesgo del ambiente y la naturaleza.
Viendo el vaso medio lleno, se puede considerar que la misma crisis del coronavirus puede brindar a la sociedad elementos para superar el periodo de carestía post-pandemia. En tal sentido, la sensación de limite y las lecciones aprendidas de la “cuarentena”, y al igual que muchos ejemplos en la historia de la humanidad, son las que podrían impulsar gobiernos, empresas, organizaciones y ciudadanos a superar la crisis económica remanente e, incluso, a dar el salto hacia el desarrollo sostenible. Así, de entre las enseñanzas dejadas por la crisis del Covid-19 que con seguridad resultarán útiles a mediano y corto plazo se puede destacar, la puesta en evidencia de la fragilidad del sistema económico-social imperante; la interdependencia individual y colectiva humana; la sólida capacidad de gobiernos, empresas, instituciones y ciudadanos para tomar decisiones y medidas firmes y extremas cuando la urgencia lo amerita; la innecesaridad de una vida plagada de consumo; la importancia de lo local sobre lo regional; la necesidad de replanteamiento de la relación hombre-naturaleza; y sobre todo lo imperativo de una mirada holística al implementar soluciones a los problemas dada la inutilidad de las medidas uni-sectoriales (que apunten solo a lo económico, a lo sanitario, lo social o incluso lo ambiental, sin contemplar otros ámbitos). Es decir, nada más que aquello que ya se encuentraba contenido en los objetivos de la sostenibilidad. Como se observa, de un modo impensado, el mismo golpe del coronavirus es el que podría brindar a la humanidad los elementos necesarios para dar un brinco significativo hacia el desarrollo sostenible.
IV.1. La mirada holística.
Si se considera a la obligatoriedad de la mirada holística y sistémica de la realidad como el nuevo paradigma de actuación para la gestión pública y privada en la etapa post Covid-19, en realidad no se estaría hablando de algo novedoso sino en la implementación practica de un postulado que ya se viene demandando hace varias décadas[10]. Esto es así ya que la aproximación holística y sistémica de la realidad subyace en el corazón mismo de la idea del desarrollo sostenible promulgada desde fines de los años ochenta pero que poco a avanzado más allá de ser un objetivo prácticamente aspiracional. Ello se debe quizás a que la implementación práctica requiere de acciones que vaya más allá de la “innovación” (hacer las mismas cosas, pero de un modo distinto y novedoso), situándose en la “disrupción”[11] (entendida ésta como la acción de cambiar totalmente la manera de hacer las cosas) en el actuar público y privado (a pesar de las numerosas declaraciones de voluntad en tal sentido). Así las cosas, y de un modo impensado, a través de sus lecciones aprendidas, el coronavirus podría haber abierto una puerta global a la oportunidad de esta circunstancia, al fundir en una sola idea las enseñanzas referidas a la necesidad impostergable de la visión holística y sistémica, y la capacidad sólida de re-pensamiento y re-invención (en definitiva, de resiliencia) que poseen todos los sectores ante la situación límite. Desde luego que para ello no es preciso el abandono de los objetivos de obtención de beneficios económicos, sino una complementariedad de los mismos con los sociales y ambientales en concepción fusionada en ganar-ganar (win-win). Se ve entonces que el supuesto nuevo paradigma de la “necesidad de la mirada holística y sistémica” dejado por el Covid-19, en realidad no es para nada novedoso, pero si carente de una amplia aplicación práctica hasta el momento, lo cual encuentra en la etapa post-pandemia una oportunidad inmejorable hacerse realidad.
IV.2. Vivir dentro de un donut.
Cambiar de modelo de desarrollo basado en lo económico hacia una aproximación múltiple beneficios (económicos, sociales y ambientales) implica poner límites al esquema de crecimiento imperante en la actualidad. Al respecto, si bien se viene hablando hace décadas sobre tal modelo de desarrollo tridimensional[12], hasta el momento no se han logrado avances considerables en su implementación. Sin embargo, podría ser que el nuevo paradigma post Covid-19 se convierta en una oportunidad para aplicación operativa.  En este sentido, la teoría económica del donut o rosquilla (o del donught por su denominación originaria en inglés), concebida por la economista británica Kate Raworth[13], puede constituir un camino para ello. Para dicha autora, el incremento del PIB se ha convertido en un objetivo en sí mismo, perdiendo el sentido de ser un indicador económico útil para la consecución del que debería ser el verdadero objetivo de la economía: “que las necesidades de todos queden satisfechas garantizando la sostenibilidad medioambiental”. Según Raworth, para volver al cauce original, se debe dejar de buscar la riqueza a costa de los límites ambientales y de justicia social, y tratar de desenvolver las actividades humanas en el marco de un espacio donde todo el mundo pueda actuar con el mayor acceso posible a los bienes básicos (comida, vivienda, agua, salud o avances tecnológicos, etc.), pero sin traspasar los límites de los medios y recursos disponibles en el planeta. Para ello, según la citada autora, la economía debería asemejarse a un donut, donde los productos esenciales constituiría el círculo central, mientras que en el exterior, que compone la periferia del donut, se encontrarían los límites ambientales del planeta que no pueden ser sobrepasados puesto que si ello sucede, la humanidad sería llevada a niveles peligrosos a consecuencia del cambio climático, el agotamiento de la capa de ozono, la contaminación del ríos, mares y lagos, la extinción de ecosistemas, entre otras cuestiones. Entre el círculo grande exterior y el pequeño interior, es donde se encentraría el área que conforma el donut, que constituye un “espacio ecológicamente seguro y socialmente justo” en el que la humanidad debería esforzarse en vivir para sobrevivir a futuro. Es en esta zona donde radica el bienestar, y donde debe desempeñarse la economía, sin avanzar sobre el agujero central (ya que ello implicaría desatender las necesidades básicas de la sociedad), ni sobresalir por encima del circulo exterior (ya que ello pone en riesgo la salud del planeta, y a fin de cuenta el de toda la sociedad). La teoría del donut propone así un crecimiento tridimensional (económico, social y ambiental), -es decir sostenible- para el cual los gobiernos, las empresas y las organizaciones deberían dejar de centrarse en una única variable económica (el beneficio financiero, que solo repercute en la empresa y sus accionistas) para tener en cuenta otros ‘valores’ como los sociales y los ambientales, lo cual. Ello, a fin de cuentas, es lo que les permitiría continuar operando a largo plazo.
Ahora, el reto para lograr el desarrollo tridimensional (económico, social y ambiental) conforme la teoría del donut radica en lograr crear economías locales y globales que permitan a todos vivir dentro de ese espacio seguro y justo que conforma el donut. Y ello no es una utopía, ya que existen ya numerosos ejemplos de su operatividad, así, por ejemplo, la ciudad de Ámsterdam en Holanda ha adoptado dicho modelo del donut como política pública, fijado una estrategia de medidas concretas que deberán seguir todos los ámbitos de la sociedad a fin de conseguir tal objetivo para el año 2025[14]. De este modo, la etapa post-coronavirus, con su necesidad de re-pensamiento de la relación del hombre con la naturaleza; de aproximación holística y sistémica de la realidad; y de reinvención orientada a la resiliencia, parecería constituir una oportunidad inigualable para dar un salto disruptivo hace el desarrollo tridimensional (económico, social y ambiental), la teoría del donut podría un esquema accesible para lograr tal cometido, y lejos de ser una utopía ya cuenta con ejemplos reales de implementación.
V. Nuevos modelos de negocio de tiple impacto.
Pese a que el logro del desarrollo sostenible parece ser una tarea difícil de concretar ya que requiere la reconciliación de los, históricamente reñidos, aspectos económico, social y ambiental en la sociedad, en realidad no constituye una quimera lejana, y su logro se encuentra al alcance de todos. En esta línea, si bien es cierto que los tres aspectos del desarrollo sostenible son indisolubles, y su alcance requiere de un abordaje holístico y sistémico, resulta interesante la postura que propone la superación de la gráfica plana en la que son usualmente representados los objetivos de desarrollo sostenible (ODS), proyectándolos a una figura tridimensional piramidal donde los ODS vinculados a la protección del planeta constituyen la base sobre la que se asientan los demás para su aproximación y cumplimiento (ver Figura 2)[15].
 

Fuente:
Stockholm Resilience Centre –RSC- (2016)[16].
Esta representación tridimensional “verde en la base” (green on the bottom) de la sostenibilidad podría ser la clave para el logro real de la misma al poner foco en la protección y conservación de aquellos servicios básicos (servicios ecosistémicos) que permiten la sobrevivencia de toda la sociedad. Con ello se lograría, al final del día, la conciliación de los tres ámbitos de la sostenibilidad (económico, social y ambiental). Existen ya caminos muy pautados para convertir esto en realidad en el ámbito público y privado, entre ellos se destacan: “la economía circular” y las “contribuciones basadas en la naturaleza”.
V.1. La economía circular.
El actual sistema de economía lineal es ineficiente ya que implica un alto desaprovechamiento de materia prima y energía en los procesos, y produce a su vez beneficios solo a algunos de los actores involucrados, por ende, el esquema de economía circular podría poner solución a tales deficiencias. Este último tipo de economía propone un modelo donde los productos puedan ser utilizados de un modo eficaz, eficiente, y por más tiempo y, una vez que ello ya no sea posible, que sus componentes sean vueltos a incorporar al proceso productivo, o destinados a la regeneración de los recursos naturales de los que fueron extraídos. Este siclo implica menores costos en materiales y energía, y, por supuesto, una reducción en la extracción de bienes de la naturaleza. Su implementación no requiere que las empresas tengan menos ganancias, sino que exploren nuevas formas de obtenerlas. Para esto se necesita del abandono de los clásicos modelos de negocios para adoptar otros basados en el re-diseño, la repartición, la compartición, la re-utilización, la re-fabricación, el reciclaje y el recupero, instrumentados a través de contratos de servicios como ser, entre otros, el alquiler con opción a compra o con mantenimiento; la venta con inclusión de servicio de reparación, devolución, uso compartido; o el trueque[17].  La aceptación de estos modelos de negocios, demanda a su vez en la actualidad del uso de las nuevas tecnologías a fin de hacer más eficientes y rápidos, entre otras cuestiones, los sistemas de pedidos, controles de mantenimiento, y trabajo remoto. Como es posible ver, la economía circular podría poner solución a la ineficiencia del sistema de economía lineal, brindando más eficiencia y eficacia a los negocios.
Pese a que a primera vista pareciera ser que la economía circular resulta más apropiada para su implementación en los países desarrollados, son aquellos con economías en vías de desarrollo quienes quizás estén más preparados para su adopción y el aprovechamiento de sus beneficios. Esto es así puesto que, por un lado, los habitantes de tales países poseen una sólida base de cultura popular (a causa de las constantes crisis económicas) asentada en la reparación, la reutilización, el trueque, el uso compartido, y otras conductas provenientes de la economía de sobrevivencia, y ello los hace preparados al cambio requerido para la subsistencia y por ende más resilientes. Por otro lado, la posibilidad de proyectar beneficios tridimensionales (económicos, sociales y ambientales) a los distintos sectores involucrados en el mercado que posee la economía circular (como ser, la mayor productividad de los recursos, generación de empleo local, desarrollo de habilidades locales, mejora vínculos sociales, fidelización de clientes, apertura de nuevos mercados, reducción de los desechos o desperdicios, etc.), convierte a la misma en un instrumento, no solo útil, sino recomendable para su aplicación en los mismos de posibilitarles su despegue hacia el progreso. Se podría entender entonces, que los pueblos menos desarrollados, podrían, a fin de cuentas, estar más preparados para la implementación de los esquemas de economía circular, pudiendo incluso aprovechar en forma más amplia sus beneficios que las sociedades consideradas con mayor desarrollo.
La implementación de la economía circular depende de solidas decisiones macro públicas y privadas, sin embargo, son las pequeñas medidas de los actores involucrados en un actuar articulado las que marcaran su éxito. Su diseño y consumación requiere del trabajo de todos los sectores: de los gobiernos, creando el marco normativo e institucional propicio para su desarrollo; de las empresas, reconvirtiendo sus esquemas de negocios; de ONG y asociaciones civiles, concientizando sobre los beneficios del sistema y presionando para su implementación; de las Universidades y centros de capacitaciones, educando nuevas habilidades y, por supuesto, de los ciudadanos, cambiando su comportamiento de consumo. Se advierte así que la economía circular, que requiere de una aproximación sistémica y holística por parte de toda la sociedad, las acciones de cada uno de ellos en conjunto son las que posibilitaran la reconciliación de los objetivos económicos, sociales y ambientales[18].
V.2. Las contribuciones basadas en la naturaleza.
Las contribuciones basadas en la de la naturaleza, o NCP (por las siglas de su nombre en inglés: nature´s contribution to people), conocidas también como “soluciones basadas en la naturaleza –SbN-”[19], si bien son esquemas ancestrales, han resurgido en los últimos años como vías “verdes” útiles para el logro del desarrollo sostenible[20]. Las mismas abarcan todas las acciones que se apoyan en los ecosistemas -y los servicios que estos proveen-  para responder a diversos desafíos de la sociedad, como ser, el cambio climático, la lucha contra el hambre, el control de enfermedades, el enfrentamiento a eventos naturales extremos, etc., a través de una aproximación holística y sistémica de múltiples beneficios (económicos, sociales y ambientales). Cabe considerar al respecto que, pese a que muchos de los bienes y servicios esenciales que presta la naturaleza (por ej.: alimentos, materia prima, etc.) son usualmente incluidos en las políticas y decisiones públicas y privadas de todo el mundo, normalmente lo son en el contexto de calorías por día, procesos biológicos, o valor económico, pero sin considerarse su valor integral. Esto, en definitiva, significa desvalorizar a los mismos ya que ellos tienen al mismo tiempo una gran importancia social, cultural, espiritual y religiosa, que debe igualmente considerarse en tales formulaciones (IPBES, 2018)[21]. Es así que los ecosistemas naturales pueden contribuir a la seguridad alimentaria y a la provisión de materia prima para las actividades económicas, pero al mismo tiempo, pueden brindar protección contra las inundaciones, las sequias, la contaminación, el cambio climático, e incluso ser fuente de nuevos empleos, esparcimiento, identidad cultural; y todo ello propiciando la conservación de los recursos naturales, que a fin de cuentas preservara los servicios esenciales para la subsistencia de la sociedad. Resulta a todas luces evidente entonces que los NCP pueden constituir igualmente una excelente vía y marco contextual para el arreglo articulado de los aspectos económicos, sociales y ambientales de la sostenibilidad.
Está claro que las obras de infraestructura y los esquemas técnicos no necesitan de una apología respecto a los beneficios sociales y económicos que proporcionan, sin embargo, se debe considerar que los mismos podrían resultar superados por aquellos que proporcionados por los esquemas de contribuciones basadas en la naturaleza. Los primeros, por lo general, otorgan beneficios vinculados al cumplimiento del fin que les dio origen (por ej., generación de energía, contención de inundaciones,), o bien circunscriptos a su lugar de ubicación (turismo y empleo local, etc.), siendo que los NCP (como la conservación o regeneración de bosque de un humedal, entre otros ecosistemas), puede forjar en simultáneo beneficios económicos, sociales y ambientales con mayor proyección geográfica y temporal (por ej.: la reducción y fijación de gases de efecto invernadero necesaria para frenar el cambio climático planetario). Estos instrumentos de desarrollo sostenible “verdes en la base” (Green on the bottom), pueden basarse en modelos tales como: los pagos por servicios ecosistémicos; la reducción de emisiones provenientes de la degradación y deforestación de los bosques (REDD+), los bancos de mitigación; los bancos de conservación, los contratos de conservación, las servidumbres de conservación, o el eco-turismo, por mencionar solo algunos[22]. Un claro ejemplo práctico de implementación en este sentido lo constituye el “Proyecto ibera: Producción de naturaleza”, llevado adelante por la organización Conservation Land Trust (CLT), con el apoyo del Gobierno de la Provincia de Corrientes, en esta última provincia, donde, a través de la recuperación y conservación del ecosistema del humedal, se crean y otorga beneficios económicos, sociales y ambientales a la región[23]. En definitiva, resulta evidente que los NCP constituyen una útil vía integral que conlleva beneficios económicos, sociales y ambientales en simultaneo, y pueden coadyuvar también a la reconciliación de dichos aspectos en pro del logro del desarrollo sostenible.
VI. Conclusión.
Como corolario de estas breves reflexiones se puede afirmar que, si bien no sería real la bonanza traída por la crisis sanitaria del Covid-19 para la naturaleza, y que incluso existe un peligro de aumento del estado de riesgo del ambiente en el periodo posterior a la misma; podría ser que la pandemia pueda constituirse en un elemento generador de una gran oportunidad para superar los antiguos problemas que impiden la concreción del mundo justo, igualitario y respetuoso con el planeta buscado por el desarrollo sostenible.
En este sentido, el instrumento de impulso disruptivo hacia ello podría venir de la mano de lecciones aprendidas de la mencionada pandemia, sumadas al nuevo paradigma de visión holística y sistémica que, es de presumirse, imperará en el periodo posterior a la misma.
Teniendo en cuenta esto, la economía circular y las contribuciones basadas en la naturaleza pueden conformar caminos claves, ya muy estudiados, pautados y establecidos, para la concreción del nuevo concepto de desarrollo tridimensional al implicar, como pocos esquemas, la generación, en simultaneo, de beneficios económicos, ambientales y sociales para los sectores involucrados, y apunta, a fin de cuentas, a la generación de una vida mejor para todos.
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World Economic Forum (2020), Insight report: COVID-19 Risks Outlook a Preliminary Mapping and Its Implications, Geneva. [on line]. Disponible en web: http://www3.weforum.org/docs/WEF_COVID_19_Risks_Outlook_Special_Edition_Pages.pdf. Última visita: 10/06/2020.
 

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1] Frase emitida en una entrevista televisiva por Eduardo Galeano citando al cineasta Fernando Birri,. [On line]. Disponible en Web: (https://www.youtube.com/watch?time_continue=1&v=GaRpIBj5xho&feature=emb_logo }. Última visita: 19/06/2020).

[2] La epidemia de Covid-19 fue declarada por la OMS como emergencia de salud pública de preocupación internacional el 30/01/2020. Posteriormente, el 11/03/20, dicho organismo la declaro “pandemia”, significando ello que la epidemia se había extendido por varios países, continentes o todo el mundo, y afectando a un gran número de personas (Información [on line]. Disponible en el Sitio Web oficial de la Organización Mundial de la salud: https://www.paho.org/es/tag/enfermedad-por-coronavirus-covid-19. Última visita, 08/06/2020).

[3]Se define «el desarrollo sostenible como la satisfacción de «las necesidades de la generación presente sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer sus propias necesidades». Concepto consagrado en el Informe titulado «Nuestro futuro común» elaborado en el año 1987 por la Comisión Mundial sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo, más conocido como “Informe Brundtland” (Brundtland, G., 1987. Our common future. Oxford University Press, CMMAD. U.K.).

[4] El término “nueva normalidad” se remonta hacia el año 2008 en el ámbito de la economía y las finanzas, si embardo, su uso comenzó a utilizarse por gobiernos y medios de prensa en los primeros meses del año 2020 para hacer referencia a las nuevas condiciones de actuación con libertades individuales limitadas en beneficio del bien común a raíz de la pandemia del Coronavirus. (Para mayor información ver: ReasonWhy. S/F, “Analizamos el origen y aplicaciones del concepto “nueva normalidad”, [on line]. Disponible en web: [https://www.reasonwhy.es/actualidad/nueva-normalidad-origen-uso-linguistico-oximoron. Última visita 08/06/2020]).

[5 Pratesi I., et al (2020): Perdida de naturaleza y pandemias. Un planeta sano por la salud de la humanidad, WWF España, Madrid. Disponible [on line] en sitio web: (https://d80g3k8vowjyp.cloudfront.net/downloads/naturaleza_y_pandemias_wwf.pdf?54120/Perdida-de-naturaleza-y-pandemias-Un-planeta-sano-por-la-salud-de-la-humanidad. Última visita 09/06/2020).

[6 ONU Argentina, 2020; Análisis inicial de las Naciones Unidas COVID-19 en Argentina: Impacto Socioeconómico y Ambiental. Actualizado al 19/06/2020”, s/l, p. 69.

[7]El informe IPBES (2019) - elaborado por 145 expertos y 310 colaboradores de 50 países alrededor del mundo, identifica cinco motores directos de la degradación actual acelerada del planeta: 1) cambios en el uso de la tierra y el mar, 2) explotación directa de organismos, 3) cambio climático, 4) contaminación y 5) especies exóticas invasoras. Y entre las causas indirectas, algunas como el crecimiento demográfico, el desarrollo económico y tecnológico, los conflictos y las epidemias, entre otros.Dicho reporte, expresa entre muchos otros preocupantes datos que: el 75% de los ambientes terrestres y el 66% de los marinos se encuentran "severamente alterados" por acciones humanas; 5.9 millones de especies terrestres se encuentran con hábitat insuficiente para la vida, el 40% de las especies de anfibios, 33% de los corales, tiburones, y mamíferos marinos, 25% de las especies de vertebrados, invertebrados, y plantas terrestres, y 10%: de las especies de insectos se encuentran en peligro de extinción. (Confr. IPBES (2019); Global assessment report on biodiversity and ecosystem services of the Intergovernmental Science-Policy Platform on Biodiversity and Ecosystem Services. E. S. Brondizio, J. Settele, S. Díaz, y H. T. Ngo (editores). IPBES secretariat, Bonn, Germany. [On line] Disponible en web: https://ipbes.net/global-assessment. Última visita 09/06/2020).

Por su parte entre fines del año 2018 y septiembre del año 2019 el IPCC emitió 3 informes especiales: 1) Calentamiento global de 1,5 °C; 2) El cambio climático y la tierra; y 3) Informe especial sobre los océanos y la criósfera en un clima. En ello se manifestó en sentido similar, afirmando que, si el calentamiento global va más allá del límite de 2° C, establecido en el Acuerdo de París, probablemente sucederá que la tierra productiva se desertifique, el descongelamiento del permafrost traiga consecuencias devastadoras en las infraestructuras; y que la sequía y los fenómenos meteorológicos extremos pongan en riesgo el sistema alimenticio; debiendo tomarse medidas urgentes para evitar tales consecuencias cambiantes (Conf. IPCC. [On line]. Disponible en web: https://www.ipcc.ch/languages-2/spanish. Última visita 09/06/2020).

[8]En 2009, un grupo de destacados científicos expertos en sistemas terrestres (Rockström, et al) propusieron un conjunto de nueve procesos clave en los sistemas terrestres (como el consumo de agua dulce, la regulación del clima y el ciclo de nitrógeno) que consideraron críticos para mantener al planeta tierra en el estado estable, apto para albergar la vida de la humanidad (conocido como Holoceno), de los últimos 10.000 años. Estos autores consideraron que el ejercer una presión excesiva dichos procesos, conllevaría a sobrepasar los umbrales críticos y provocar un cambio medioambiental abrupto o irreversible atentatorio contra la vida humana. Para eludir esto, propusieron una serie de límites que evitarían entrar en una “zonas de peligro”. Tales limites (los nuevos procesos clave identificados) constituyen así el techo medioambiental, que permitiría a la humanidad permanecer en un “espacio operativo seguro para su subsistencia”. Este enfoque tuvo una acogida parcial, puesto que obviaba la dimensión humana ya que, a fin de cuentas, un espacio seguro desde el punto de vista medioambiental es compatible con la injusticia y la pobreza más extrema (conf., Oxfam Internacional, “¿Podemos vivir dentro del donut? Por qué es necesario establecer límites planetarios y sociales”, Disponible [on line] en sitio web: https://blogs.oxfam.org/es/blog/12-02-13-vivir-dentro-donut-establecer-limites-planetarios/index.html. Última visita: 09/06/2020).
[9]World Economic Forum (2020), Insight report: COVID-19 Risks Outlook a Preliminary Mapping and Its Implications, Geneva. [on line]. Disponible en web: (http://www3.weforum.org/docs/WEF_COVID_19_Risks_Outlook_Special_Edition_Pages.pdf. Última visita: 10/06/2020).

Para un análisis particular de los efectos en el ambiente producidos por el COVID-19 en Argentina ver: ONU Argentina (2020), Análisis inicial de las Naciones Unidas COVID-19 en Argentina: Impacto Socioeconómico y Ambiental. Actualizado al 19/06/2020”, s/l, pp. 69 ss.

[10 La mirada holística y sistémica ya se encuentra presente en el concepto de desarrollo sostenible originado en el año 1987, y es refirmada luego en los objetivos del milenio derivados de la Declaración del Milenio de la ONU firmada en el año 2000, y en Agenda 2030 suscripta por la mayoría de los países del mundo el año 2015. Ésta última constituye un camino pautado para el sector público y privado para hacer del mundo un lugar más justo, igualitario y pacífico en el que nadie quede atrás y vivamos todos respetando el planeta que sustenta la vida en sociedad.

Un componente importante de la Agenda 2030 son los 17 de objetivos globales para erradicar la pobreza, proteger el planeta, y asegurar la prosperidad para todos como parte de una nueva guía para el logro del desarrollo, más conocidos como los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) -comprensivos, cada uno, de metas específicas e indicadores de cumplimiento- que deberían alcanzarse en los siguiente 15 años (hasta el año 2030).

[11 “Disrupción: Rotura o interrupción brusca” (Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua, [On line]. Disponible en web: (https://dle.rae.es/disrupci%C3%B3n. Última visita: 02/07/2020).

[12Ver al respecto Meadows, D., et al (1972); Los límites del crecimiento: informe al Club de Roma sobre el predicamento de la Humanidad. Fondo de Cultura Económica. México; Daly H., et al., (1989): Toward the Common Good: Redirecting the Economy Toward Community, the Environment, and a Sustainable Future. Beacon Press (Boston); y Brundtland, G. H. (1987). Our common […], op cit.

[13 Raworth, K. (2018), Economía rosquilla. 7 maneras de pensar la economía del siglo XXI (Paidós), passimPara una ampliación de la teoría de la economía del Donut ver el sitio web oficial de Kate Raworth, [on line] disponible en web: (https://www.kateraworth.com/. Última visita 09/06/2020)

.[14 Para mayor información ver: “Ámsterdam Circular Strategy 2020-2025” [on line]. Disponible en web: (https://www.amsterdam.nl/en/policy/sustainability/circular-economy/. Última visita: 19/06/2020).

[15Ver al respecto Declercq, T., “Transforming food systems by valuing the invisible in the Sustainable Development Goals”, TEEB [on line]. Disponible en web: (http://www.teebweb.org/sdg-agrifood. Última visita: 25/06/2020).

[16 Stockholm Resilience Centre (RSC) (2016); SRC & IIASA (2016). Rockström J, Sukhdev, P., 2016; Rockström, et al, Social-ecological resilience and biosphere-bases sustainability sience. Ecology and Society 21 (3):41.

[17Por ejemplo: una empresa textil familiar que basa su esquema de negocio en la producción y venta de toallas a empresas, hoteles y particulares puede re-inventarse implementando la utilización de materiales orgánicos, adicionando un servicio de limpieza y desinfección, periódico. Las toallas pueden ser retiradas en la zona urbana con bicicletas o vehículos eléctricos. Y una vez terminada la vida útil del producto los acepta del cliente como parte de pago para otro nuevo produciendo alfombras o cobertores de coches con los materiales.

[18Para mayor información sobre la economía circular ver las web del “Programa de las Naciones Unidas para el Ambiente” sobre el tema: “UNEP circularity platform” [on line]. Disponible en web: (https://buildingcircularity.org/, última visita 18/06/2020), y de la: “Fundación Ellen Macarthur” [on line]. Disponible en web: ( https://www.ellenmacarthurfoundation.org/es/fundacion-ellen-macarthur/la-fundacion. Última visita 18/06/2020).

[19Se prefiere la terminología de “Contribuciones basadas en la naturaleza para la gente” acuñada los investigadores de la “Plataforma Intergubernamental Científico-Normativa sobre Biodiversidad y Servicios Ecosistémicos (IPBES)” (Díaz, S. - Unai, P., et al (2018), “Assessing nature's contributions to people”, [on line]. Disponible en web: https://science.sciencemag.org/content/359/6373/270.full?ijkey=/vA6P5O/b2eSM&keytype=ref&siteid=sci. Última visita: 18/06/2020) para remarcar el componente de mantención y mejora de la condición económico-social de la población que pueden implicar estos esquemas, sin que ello signifique la “bala de plata” que ponga una solución a todos los problemas.

[20Los esquemas basados en la naturaleza, se asemejan, pero difieren de aquello otros que se bien la toman en cuenta, solo se toman un elemento de ella, como ser las que la utilizan como elemento para otra actividad productiva (por ej., energías renovables), o la toman de inspiración (como ser las construcciones que imitan estructuras naturales de refrigeración, o las estructuras grises). En aquellas el progreso tridimensional (económico, social y ambiental) se da con la conservación o regeneración misma del ecosistema natural.

[21Ver: IPBES (2018), “Not Just Commodities: World Needs Broader Appreciation of Nature’s Contributions to People”, [on line], disponible en web: (https://ipbes.net/news/natures-contributions-people-ncp-article-ipbes-experts-science. Última visita 18/06/2020).

[22Para una ampliación del tema ver: Galarza, C. J. (2019), “Informe sobre: Identificación de instrumentos de fomento e incentivos económicos y financieros para la conservación privada en Argentina”, trabajo de consultoría realizado para la Red Argentina de Reservas Naturales Privadas (RARNAP), Corrientes; y Galarza, C. J. (2019), "Es hora de implementar estrategias en las que ganen todos: ambiente, sociedad y empresa"; en Anuario de Misiones On line: Visión misionera: la visión de los empresarios misioneros[on line], disponible en web: https://anuario.misionesonline.net/llego-la-hora-de-implementar-estrategias-en-la-que-ganen-todos-ambiente-sociedad-y-empresa/?fbclid=IwAR0KiHW4N_poLJ3AaGroQIiu0WUmfbF_nTdW49iZOVhFNVIhuvWWLMYpMEw. Última visita 22/06/2020.

[23 Para mayor información ver: Gobierno de Corrientes (2017), Gran parque Ibera: producción de naturaleza y desarrollo local, [on line], disponible en web: (http://www.proyectoibera.org/download/libros/gran-parque-ibera.pdf, última visita 22/06/2020), y Jiménez Pérez, I. (2018), Producción de Naturaleza: Parques, Rewilding y Desarrollo Local. The Conservation Land Trust Argentina. Buenos Aires, [on line], disponible en web: http://www.proyectoibera.org/download/libros/produccion_de_naturaleza.pdf. Última visita. 22/06/2020).

 

 

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