viernes, 26 de febrero de 2021
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Tecnologías para una gestión integral y sostenible del hábitat

Aportes del Centro Experimental de la Vivienda Económica, Córdoba, unidad ejecutora de doble dependencia, Conicet y Ave (Asociación Vivienda Económica).

En abril de 1987, el informe llamado “Nuestro Futuro Común”, publicado por la Comisión de Desarrollo y Medio Ambiente de las Naciones Unidas, introduce el concepto de desarrollo sostenible. El mismo hace referencia a la satisfacción de las necesidades de la generación presente sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer sus propias necesidades (Brundtland, 1987)[1]

En materia urbano-habitacional, la creación de ciudades sostenibles resulta un desafío vigente a partir de las exigencias que las diferentes agendas internacionales y sociales han pautado durante las últimas décadas. Para ello, se considera al desarrollo urbano como una disciplina que debe girar hacia lo equitativo y sustentable como una obligación a alcanzar por las ciudades, que deben asegurar el derecho a un ambiente sano y sostenible.

 

La Agenda 21 (PNUMA, 1992)[2], como estrategia global aprobada por el sistema de Naciones Unidas en la Conferencia que tuvo lugar en Río de Janeiro (Brasil) en 1992, determinó pautas para la mejora del medio ambiente y, por ende, de la calidad de vida de los habitantes de una comunidad, la cual debe contemplar la sostenibilidad medioambiental, la justicia social y el equilibrio económico. Dichos aspectos deben ser favorecidos a través de la participación ciudadana, manifestando en su accionar la importancia de alcanzar el desarrollo mediante el equilibrio entre lo económico-productivo, lo socio-organizativo y lo ambiental.

Por su parte, los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS)[3] constituyen una iniciativa impulsada por Naciones Unidas para dar continuidad a la agenda de desarrollo tras los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM). Los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible con 169 metas plantean el horizonte 2015-2030, abordan temas interconectados del desarrollo sostenible en búsqueda de terminar con la pobreza y el hambre, lograr una gestión sostenible de los recursos naturales, aplicar medidas para hacer frente al cambio climático, buscar la armonía entre naturaleza y progreso económico, social y tecnológico; sustentado en el trabajo mancomunado con las autoridades y comunidades locales.

Estas directrices se profundizan en aquellas pautadas por la Nueva Agenda Urbana, aprobada en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre la Vivienda y el Desarrollo Urbano Sostenible (Hábitat III) celebrada en Quito (Ecuador) en 2016[4]. Las mismas buscan promover ciudades más incluyentes, compactas y conectadas mediante la planificación y el diseño urbano, la gobernanza y la legislación urbana, junto a un correcto desenvolvimiento de la economía urbana. De esta manera se procura poner en cuestión el actual vínculo recíproco entre urbanización y desarrollo, en pos de ciudades más equitativas y, por ende, más sostenibles. La Carta Mundial por el Derecho a la Ciudad (Quito, 2004)[5] y el Consenso Nacional por el Hábitat Digno (Argentina, 2017)[6] profundizan este paradigma, y proponen la puesta en marcha de nuevas políticas y estrategias dirigidas a garantizar el derecho a un hábitat urbano y rural adecuado en la Argentina y la región.

Estas estrategias y metas surgen porque, particularmente en lo que refiere al sector residencial, éste representa el 28,6% del consumo de la energía, y es responsable del 14,7% de las emisiones de gases de efecto invernadero. En su conjunto, la construcción de viviendas sustentables, junto con otras medidas orientadas al sector residencial, pueden alcanzar un potencial de mitigación que representa más del 40% de la meta de reducción del sector energético argentino presentada ante la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático. Por ello toda intervención que se realice a nivel urbano-habitacional constituye un ámbito de mejora frente a los desafíos del cambio climático y la promoción del desarrollo sostenible (Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable, 2019)[7]

En medio de las exigencias de este nuevo contexto y en el marco de sus competencias, las ciudades deben hoy tomar medidas de disminución y prevención de la contaminación y ocupación urbano-habitacional desordenada que incluyen la implementación de estrategias vinculadas al ahorro energético; la eliminación de basurales a cielo abierto y la implementación de políticas estables de tratamiento de residuos sólidos urbanos; la recuperación de vertientes; la ampliación-protección de los espacios verdes; la prevención de expansiones urbanas en zonas ambientalmente inhibidas a fin de evitar inundaciones y riesgos asociados; el control de contaminaciones por agroquímicos en zonas periurbanas ante la extensión desmedida de las manchas urbanas; el crecimiento de asentamientos informales e industriales; entre otras. Todos esto debe favorecerse en el marco de procesos de integración socio-económica de todos los sectores sociales, de participación y a partir del reconocimiento de prácticas vinculadas a la producción social del hábitat. 

 

Sin embargo, desde este enfoque particular, los conflictos urbano-ambientales que se registran en la mayoría de ciudades del país se caracterizan por niveles de alta gravedad, a los que se adicionan índices de segregación e inaccesibilidad a los recursos y a los beneficios de la ciudad de grandes sectores de la población. De allí la necesidad de poder poner a disposición de los municipios del país tecnologías apropiadas que faciliten gestiones sostenibles del hábitat a nivel local.  

 

 

Tecnologías y modelos de gestión del hábitat innovadores a partir de la recuperación y reciclado de Residuos Sólidos Urbanos (RSU)

Dentro de los retos que los municipios enfrentan en materia de sostenibilidad, la gestión de los residuos sólidos urbanos resulta de suma importancia.

Según las sistematizaciones de Gaggino et al (2015: 37)[8]

“La producción de residuos en nuestro país se expresa en las siguientes cifras: En Argentina se genera un total de 14.094.110 toneladas de residuos por año. Se recicla alrededor de un 10 % de esta cantidad, porcentaje que varía según las provincias” (Deiva 2013)[9]. El resto tiene como destino habitual el enterramiento en predios sanitarios, o bien la acumulación o quemado en basurales al aire libre, con consecuencias graves para el medioambiente, pues las bolsas de polietileno de baja densidad (ldpe) se transforman recién a los 150 años en contacto con los agentes naturales (Programa México Limpio 2004)[10]. También aproximadamente el 50 % en peso de los desechos es prácticamente no biodegradable, correspondiendo a los plásticos el 13,3% del total (en peso), en la República Argentina. Esto equivale al 30 % del total en volumen (Gobierno de la ciudad de Buenos Aires 2010)”

 

Otras fuentes (Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable, 2018)[11] indican que, si bien los orgánicos resultan los residuos porcentualmente más representativos, los plásticos, seguidos por el papel y cartón, el vidrio y los metales también representan volúmenes a considerar.

 

 

Los basurales a cielo abierto e incluso los enterramientos sanitarios resultan así ampliamente deficitarios, dado que generan consecuencias tales como la contaminación ambiental del aire, agua y suelo por lixiviación principalmente de metales pesados y compuestos orgánicos que contaminan las napas; la proliferación de animales y vectores de enfermedades; riesgos de incendio; desvalorización de entornos rurales o urbanos y segregación social de poblaciones que habitan y/o trabajan en dichas zonas.

De allí la necesidad de la implementación de políticas estables de gestión y tratamiento de RSU, que permitan reducir y combinar los enterramientos con sistemas de recolección diferenciadas en pos de avanzar hacia vertederos controlados y la puesta en marcha de procesos de recuperación y reciclado. Las mismas, si se combinan de manera adecuada, permiten no sólo capitalizar recursos que son hoy desperdiciados sino también poner en funcionamiento procesos de concientización, educativos, de reinserción laboral y de mejora urbano-habitacional, entre otros.

En materia habitacional, el Centro Experimental de la Vivienda Económica (CEVE)[12],  unidad ejecutora dependiente del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) y Asociación de Vivienda Económica (AVE), con más de 50 años de experiencia en la materia investiga y desarrolla acciones demostrativas para ser transferidas a los sectores públicos y privados vinculados al tema.

Particularmente se encuentra abocado a desarrollar, en alianza con gobiernos locales del país, modelos de gestión innovadores para la investigación, desarrollo y puesta en marcha de emprendimientos productivos destinados a la producción de componentes constructivos[13] a partir de la recuperación y reciclado de RSU que contribuyan a brindar soluciones habitacionales, reducir el impacto ambiental de los residuos y promover la creación de puestos de trabajo.

Bajo proyectos especiales y desde el desarrollo de servicios técnicos especializados, se trasfieren tecnologías que permiten a nivel local:

  • el desarrollo de diagnósticos socio-habitacionales y ambientales, de capacidades y recursos locales;
  • el asesoramiento en gestión integral del hábitat y en la revalorización de residuos sólidos urbanos para la producción de componentes constructivos y urbanos;
  • el fortalecimiento de capacidades de gestión y producción local;
  • el desarrollo y transferencia de tecnologías innovadoras para la producción de componentes constructivos a partir del reciclado de RSU;
  • la provisión de componentes constructivos y participación en la construcción conjunta de prototipos innovadores;
  • la potenciación de procesos de concientización- educación ambiental;
  • la articulación y sinergia con otros actores locales como cooperativas, escuelas, organizaciones sociales, proveedores y empresas, etc;
  • el fortalecimiento, reconversión y/o generación de nuevos puestos de trabajo;
  • y el desarrollo de procesos de inserción social y empoderamiento comunitario de sectores segregados.    

Se busca así articular las necesidades y capacidades existentes en materia urbano-habitacional, laboral y ambiental a partir del mejoramiento de las capacidades locales en la Gestión de los Residuos Sólidos Urbanos (GIRSU) orientada a la producción de componentes constructivos destinados al mejoramiento habitacional y urbano de las localidades.

La metodología de trabajo se sustenta en una serie de talleres específicos con los equipos locales: taller diagnóstico socio-habitacional, de capacidades y recursos locales; taller diagnóstico de GIRSU; y taller de tecnologías constructivas.

Los mismos, desarrollados de manera secuencial y complementaria, bajo la asesoría de especialistas en gestión local e integral del hábitat, tecnologías constructivas y nuevos materiales permiten llegar a una selección priorizada de la/s tecnología/s constructiva/s según disponibilidad de RSU reciclados y/o necesidades del municipio, su viabilidad social, económica y ambiental.

Luego de este análisis y -en el caso de tecnologías con propiedad intelectual protegida por patente- mediante convenio de licenciamiento de tecnología con CONICET, se procede a las capacitaciones y transferencia de la/s tecnología/s seleccionada/s para la producción de componentes productivos, poniendo en marcha los circuitos de producción.

Hasta la fecha más de 35 municipios y comunas han puesto en marcha procesos similares en el país bajo esta modalidad de gestión integral, que favorece la articulación de los ejes relacionados a la gestión local de los residuos sólidos urbanos, la gestión urbano-habitacional y la generación o reinserción laboral de grupos postergados o de riesgo.

Autoras: 

Dra. Arq. Daniela Gargantini. 

Investigadora adjunta del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET); miembro del equipo técnico del Centro Experimental de la Vivienda Económica (Córdoba); especialista en gestión local del hábitat y fortalecimiento de gobiernos locales; docente investigadora de la Universidad Católica de Córdoba y de universidades nacionales y extranjeras. Correo electrónico: dmgargantini@gmail.com 

Mgtr. Arq. María Cerrezuela. 

Becaria Doctoral Cofinancaida por CONICET y la Universidad Católica de Córdoba miembro del equipo del área de Gestión Integral del Hábitat en AVE-CEVE-CONICET. Arquitecta por la Universidad Católica de Córdoba, Magíster en Intervención Sostenible en el Medio Construido por la Universitat Politècnica de Catalunya y doctoranda en Administración y Política Pública por el Instituto de Investigación y Formación en Administración Pública (IIFAP- UNC)

Lic. Carolina Nievas. 

Becaria Doctoral por CONICET en el Centro Experimental de la Vivienda Económica (CEVE) miembro del equipo del área de Gestión Integral del Hábitat en AVE-CEVE-CONICET. Licenciada en Desarrollo Local – Regional por la Universidad Nacional de Villa María (UNVM) y doctoranda en Administración y Política Pública por el Instituto de Investigación y Formación en Administración Pública (IIFAP- UNC)


[1] Brundtland, G. H. (1987) Informe de la Comisión Mundial sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo: Nuestro futuro común. Documentos de las Naciones, Recolección de un Consejo de Administración de Acuerdos Globales.

[2] PNUMA, O. (1992). Agenda 21. Río de Janeiro, Brasil. Disponible en: https://www.un.org/spanish/esa/sustdev/agenda21/agenda21toc.htm  (consulta: marzo 2020)

[3] Naciones Unidas (2016) Objetivos de Desarrollo Sostenible. Disponible en: http://www.un.org/sustainabledevelopment/es/objetivos-de-desarrollo-sostenible/ ODS Argentina. Disponible en: http://www.odsargentina.gob.ar/  (consulta: marzo 2020)

[4] Naciones Unidas (2016) Nueva Agenda Urbana. Resolución aprobada por la Asamblea General el 23 de diciembre de 2016. Quito, Ecuador. Disponible en: http://habitat3.org/wpcontent/uploads/New-Urban-Agenda-GA-Adopted-68th-Plenary-N1646660-S.pdf (consulta: marzo 2020)

[5] Carta Mundial por el Derecho a la Ciudad. Foro Social de las Américas. Quito (Julio, 2004); Foro Mundial Urbano. Barcelona (Octubre, 2004). Foro Social Mundial. Porto Alegre (Enero 2005). Revisión Barcelona. (Septiembre 2005). Disponible en: http://revistas.unam.mx/index.php/mecedupaz/article/view/36443/33018 (consulta: marzo 2020)

[6] Habitar Argentina (2017) Consenso Nacional para un Hábitat Digno. Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS), Buenos Aires, Argentina.

[7] Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable (2019) Manual de Vivienda Sustentable. Disponible en: https://manualdeviviendasustentable.ambiente.gob.ar/assets/pdf/manual-vivienda-sustentable.pdf (consulta: marzo 2019)

[8] Gaggino; R., Kreiker, J., Mattioli, D. y Argüello, R. (2015) “Emprendimiento de fabricación de ladrillos con plástico reciclado involucrando actores públicos y privados” en: Revista Área nº 21, octubre de 2015. p.37-45. Buenos Aires: SI-FADU-UBA.

[9] Deiva, Leila (2013) Plan Argentina Innovadora 2020 - Reciclado de distintas corrientes de residuos Buenos Aires: Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva.

[10] Programa México Limpio (2004) “Cuánto tiempo tarda la naturaleza en transformar….”, en Publicación digital del Programa México Limpio. Disponible en: http://www.programamexicolimpio.gob.mx   (consulta: marzo 2014)

[11] Secretaría de Ambiente y Desarrollo sustentable (2018) Informe del estado del ambiente. Buenos Aires: Presidencia de la Nación.

[12] Ver www.ceve.org.ar (consulta: marzo 2020)

[13] Ver www.ceve.org.ar Apartados Tecnologías/ Constructivas y De gestión (consulta: marzo 2020) 

 

 

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